Sube y baja de susto-calma

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Sube y baja de susto-calma

Conciencia plena y estoicismo. Tal vez el coronavirus pueda dejarnos algo bueno, después de todo

Pasará. No sabemos cuándo, pero pasará. La peste de Justiniano se extendió del año 541 al 542; la peste negra de 1346 a 1353; la de la viruela varios siglos, desde 1520 hasta ser erradicada en la década de 1970, y la gripe española de 1918 a 1920.

Ciertamente ha sido desalentador contemplar el repunte de contagios cuando empezábamos a creer que el final de la pandemia estaba próximo. Ómicron revolucionó todo. Y es notoria la desesperanza en las personas. ¿Hasta cuándo seguiremos viviendo así, en este sube y baja de susto-calma, susto-calma? No hay una fecha exacta. Los científicos estimaban en mayo de 2020 que la pandemia duraría dos años más, pero en agosto de 2021 ya la mayoría coincidía en que probablemente no se logrará alcanzar la inmunidad de rebaño porque para eso habría que vacunar al 100 % de la población, lo cual resulta imposible. También estaban de acuerdo en que la inmunidad natural contra el SARS-CoV-2 solo será temporal y como las vacunas no impiden que se propague (sino que evitan que la enfermedad evolucione hacia la gravedad), el virus circulará por periodos cada cierto tiempo, tal vez estacionales y “presumiblemente” de afectación leve, como ocurre con los resfriados y la gripe, pasando de epidemia a endemia. ¿Entonces, cómo sobrellevar esta realidad sin caer en la desesperación? Quienes luchan contra el alcoholismo y la adicción a las drogas practican el “solo por hoy” y aprenden a vivir sin angustiarse pensando en todo lo que tienen por delante. No encuentro mejor salida que hacerlo así y continuar un día a la vez, con toda nuestra atención puesta solo en el presente para no agobiarnos ante un desafío que en este momento parece no tener fin. Aceptar esta situación es el primer paso para aprender a manejar la ansiedad y el miedo. Tenemos que soltar las riendas de algo que definitivamente no podemos controlar, y desarrollar la paciencia, que es la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”, “la virtud de saber sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse”. Conciencia plena y estoicismo. Tal vez el coronavirus pueda dejarnos algo bueno, después de todo.