Mutis

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Como sociedad, nos toca decir ¡basta!, en voz alta, enfrentando el miedo, para que quienes tienen que liderar el combate actúen sin demora y decididamente

Hay dos clases de mudos: quienes están realmente privados de la facultad de hablar y quienes prefieren callar.

Desde el siglo XIX se identificó un trastorno que hasta hoy afecta a niños menores de cinco años, el mutismo selectivo, que les impide hablar ante ciertas personas y situaciones, por ansiedad o para evitar un malestar. Pareciera que los ecuatorianos estamos sufriendo ese trastorno.

Día a día ocurren en el país atrocidades y absurdos que casa adentro -o en chats- nos escandalizan y aterran, porque cada uno supera al otro en crueldad, en violencia o en descaro; pero a nivel de ciudadanía, de comunidad, hay un silencio abrumador.

Pese a que ese deterioro progresivo nos lleva a pensar que la situación solo podría empeorar, pues parece no existir ningún límite infranqueable, quizá por decepción, temor o desaliento permanecemos inmóviles, callados. Quizá estamos en ‘shock’. Si ante los últimos sucesos políticos y delincuenciales nos sentimos burlados, defraudados, traicionados y supremamente amenazados; si hay un sentir general de indignación, desesperación e impotencia, no podemos apenas murmurar. Tendríamos que manifestarnos en voz alta y masivamente.

¡Que se escuche ya un grito real, una queja unánime, porque esto que vivimos no es normal! No lo queremos para nosotros, ni para nuestros hijos, y tenemos que exigir a todas las autoridades, a todo nivel, que no sean indiferentes ante el descalabro del país. Que trabajen coordinada y efectivamente para revertir la situación. No más pugnas entre mandatario y dirigentes políticos, no más disputas entre asambleístas por tener el poder y manejarlo a su conveniencia, no más ministros, jueces, gobernadores, alcaldes y prefectos ineficientes. ¡No más indolencia!

Nuestro silencio ante los horrores que vemos a diario solo nos lleva a evadir la realidad y no impedirá que empeore. El primer paso ante un problema es reconocerlo. Como sociedad, nos toca decir ¡basta!, en voz alta, enfrentando el miedo, para que quienes tienen que liderar el combate actúen sin demora y decididamente.