No habría Lasso

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No habría Lasso

No se respirarían hoy los aires de libertad, de paz y de esperanza de un futuro, no fácil, pero sí prometedor, si él no hubiese dado ese viraje

Todo presidente deja un legado, aquello de su gestión que trasciende el tiempo y marca la historia.

Cuando Lenín Moreno llegó al poder, sorprendió. La mitad del país que no lo había elegido respiró ante su cambio de rumbo y aunque el viraje no fue total, el Ecuador empezó a vivir con más calma. Y pese a que, tal como él mismo reconoció, no le habían dejado la mesa servida y seguía gobernando el mismo partido del régimen que lo patrocinó, el nivel de tensión bajó considerablemente. La corrupción no terminó, pero al menos quedó claramente expuesta, y los culpables del descalabro económico empezaron a salir a la luz. La consulta que promovió dio paso al Cpccs Transitorio, que liderado por Julio César Trujillo inició un recambio en instituciones fundamentales como la Corte Constitucional y si bien no se logró todo lo que se aspiraba, empezó un resquebrajamiento de las estructuras que se habían consolidado a lo largo de más de una década. Luego vino el Octubre Negro, y ante las agresiones y la violencia de grupos vandálicos que caotizaron al país, contó -incluso con el descontento de la población por la creciente crisis económica- con el respaldo mayoritario de los ecuatorianos, y en defensa de la estabilidad y la democracia, transó con el sector indígena que abanderaba la protesta y superó la grave situación. Enseguida vino la pandemia y además de la tragedia por las pérdidas humanas y la profundización de la desocupación, el desborde de la corrupción, y como corolario, el desastre de la vacunación, pero... Si Lenín no hubiese dado ese viraje, por las razones que haya tenido y sobre las que existen tantas teorías, nada de lo que estamos viviendo hubiese sido posible. Ecuador habría profundizado su avance en el modelo del régimen anterior y tal vez ni siquiera hubiese habido elecciones en este 2021.

Siempre se dijo que el Gobierno de Lenín sería uno de transición y lo ha sido. No se respirarían hoy los aires de libertad, de paz y de esperanza de un futuro, no fácil, pero sí prometedor, si él no hubiese dado ese viraje. Ese es su legado. Sin Lenín no habría Lasso.