¿Todo se calienta?

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¿Todo se calienta?

Se calientan las calles, se calientan las cárceles, se calienta cada vez más el planeta... ¿Se calienta usted ante tanta negligencia, corrupción y descomposición?

Nos hemos acostumbrado a quedarnos conformes con las explicaciones, por absurdas e inverosímiles que sean, que funcionarios ineficientes y corruptos proclaman en su defensa; a permanecer inertes ante las promesas incumplidas y a soportar penurias aunque aquello afecte nuestra calidad de vida. No somos conscientes de cuáles son nuestros derechos. Tampoco sentimos que tenemos obligaciones. Nos quedamos estáticos, pasivos, por más que imágenes y audios confirmen los hechos que los argumentos buscan desvanecer. Vimos a la autoridad que debe defendernos pasada de tragos y forcejeando mientras regía un estado de excepción. Pero nos dice que, víctima de una intoxicación, no recuerda nada. Y no reaccionamos. Vimos y oímos a la autoridad que ordenó el cierre de la pista del aeropuerto de Guayaquil en el pico de la pandemia. Pero una jueza la deja fuera del caso y lo aceptamos. Escuchamos las promesas del nuevo mandatario de que no se incrementarían impuestos sino que se combatiría la evasión tributaria, pero se rumora sobre una reforma impositiva y no nos pronunciamos. Tenemos décadas esperando que se drague el río y se descontamine el estero, pero continúa el desfile de autoridades sin que los problemas se resuelvan. Es inminente y evidente el cambio climático y son imparables la corrupción y el robo de los dineros públicos, sin embargo no exigimos que el país tome un nuevo rumbo, hacia energías renovables, reforestación intensiva, depuración de las leyes y del sistema de justicia, control del contrabando, optimización del transporte, combate efectivo e impostergable a la delincuencia y la impunidad...

Se calientan las calles, se calientan las cárceles, se calienta cada vez más el planeta... ¿Se calienta usted ante tanta negligencia, corrupción y descomposición? Si como ciudadanos no demandamos cambios por comodidad, miedo o falta de visión, y si no nos involucramos o hacemos algún esfuerzo por nuestra parte para contaminar menos, frenar la inseguridad, dar ejemplo de integridad..., la debacle que se avecina terminará por abatirnos, sin que tengamos ya tiempo para reaccionar.