Columnas

Carencias, reconstrucción, reactivación

'Todo análisis para ser certero debe contextualizarse y apegarse a la verdad de los hechos. La atención de la salud y compra de medicamentos en el IESS y Ministerio de Salud se convirtieron en espurios negociados’.

El COVID-19 ha dejado al descubierto el déficit en salud que tiene el país. Las víctimas serían aproximadamente unas 10.000 según el Registro Civil, lo cual coloca al Ecuador como uno de los proporcionalmente más afectados a nivel mundial. Es justo reconocer la gestión del vicepresidente Otto Sonnenholzner, mitigando en sitio urgencias e improvisaciones.

Todo análisis para que sea certero debe contextualizarse y apegarse a la verdad de los hechos. La atención de la salud y compra de medicamentos en el IESS y Ministerio de Salud se convirtieron en espurios negociados. El presupuesto estatal en salud se redujo en un 50 % entre los años 2017 y 2019. El gobierno anterior utilizó el Seguro Social para construir hospitales con sobreprecios; según denuncias efectuadas, los inauguró en la campaña electoral. Para su contratación se redujo el fondo de Jubilación y se incrementó el de Salud; incluso endeudaron la institución, que en cambio servía de caja chica del gobierno.

Los actuales directivos, aprovechando la emergencia, intentaron una fallida compra de insumos a precios excesivamente elevados, pero se sigue pidiendo solidaridad y más sacrificios a los ciudadanos.

Hay algo más grave. Los ecuatorianos, países y organismos internacionales, fueron solidarios con Manabí y Esmeraldas en el terremoto de abril/2016. Se recaudaron alrededor de 3.000 millones de dólares, pero estas provincias carecen de hospitales, pruebas y equipamiento para enfrentar la epidemia. Manabí ha perdido más de 500 camas hospitalarias y unos 300 miembros del personal de salud, cuya administración ha sido repartida como botín político. Las denuncias por atracos en la reconstrucción siguen sin sanción. ¡Cuántas muertes deben los que asaltaron esos fondos!

El Gobierno recurre a los organismos seccionales para su programa de reactivación de actividades. Sin duda los COE cantonales y provinciales tienen un conocimiento más cercano y objetivo de realidades, lo que contribuye a una convivencia menos expuesta al contagio. Deberán transferirles las asignaciones que les adeudan y darles facilidades para esa misión.