Columnas

No sabe, no responde

El señor Yunda ya no puede contestar que no sabe o que no responde, Quito no se lo puede permitir

Corresponde a la respuesta propia en una encuesta en la que el individuo admite desconocimiento o escoge no responder. Esto me viene a la cabeza acerca del comportamiento de Jorge Yunda ante todas las denuncias hechas sobre su gestión como alcalde de la capital de nuestro país. Inverosímil.

El señor Yunda llegó al Municipio de Quito por una fragmentación del voto popular propia del diseño del Código de la Democracia. Para muchos su triunfo fue una sorpresa. Empezó resaltando la importancia de los perros y luego todo se fue desmoronando. Durante el manejo de la crisis sanitaria hubo suficientes denuncias acerca de la compra inapropiada de insumos; la ciudad de Quito tuvo momentos severos donde parecía que el alcalde no comprendía la dimensión de la crisis. Similar fue su manejo de caos durante el paro de octubre de 2019.

El 19 de febrero le colocaron un grillete como medida cautelar mientras duraba el proceso judicial por presunto peculado por la compra de pruebas para la detección de COVID-19. Ante los hechos el alcalde tuiteó: “En mi vida he recibido muchos galardones, premios, medallas, preseas. Pero esta es especial. Esta significa haber salvado 50.000 vidas. En el proceso demostraremos nuestra inocencia. Gracias por el apoyo de todos”. Muchos analistas sostenían que la situación de Yunda era una afrenta a la capital, que lo que sucedía allí era impresentable. Para las denuncias de corrupción que involucraron a un miembro de su familia, los alegatos de persecución política no fueron nunca una respuesta contundente, responsable y detallada que despejase las dudas de todo lo que allí se decía que sucedía. Era como si el problema no era con él, se aferraba a la silla como el método más efectivo de protección. Ya hemos visto ese patrón en otros casos. La ira de los quiteños no es tema menor, sin embargo, en el pasado reciente se trató de remover sin éxito a Mauricio Rodas y a Augusto Barrera.

Esta vez 14 ediles votaron a favor de remover al alcalde, uno votó en contra y seis se abstuvieron. Yunda no se defendió personalmente, sino que encargó su defensa, mediante poder, a su abogado, y se mantuvo encerrado en su despacho. ¿Qué significa esto? Su defensa se basó en resaltar que la remoción viola su derecho humano de haber sido elegido autoridad pública y segundo que, de removerlo, debían repararlo económicamente porque pelearía en instancias internacionales. ¿En serio? ¿No podía defenderse desestimando, con pruebas, los alegatos de incumplimientos a su gestión desde el 2019? ¿No podía transparentar las finanzas públicas? Pues ante la negativa de rendir cuentas sobre las ejecuciones presupuestarias del 2019 y 2020 ante la Asamblea de Quito, Jorge Yunda ya le había dicho a la ciudad que no estaba muy interesado en respetar a los quiteños.

Durante este tiempo de continuos escándalos en el Municipio quiteño, su alcalde parecía siempre apurado en llegar a un lugar no establecido, protegido por policías que lo cubrían del asedio de las preguntas y la responsabilidad. Ahora queda una instancia de defensa ante el tribunal Contencioso Electoral; si no hubo ilegalidad en el proceso se confirmará la remoción.

El señor Yunda ya no puede contestar que no sabe o que no responde, Quito no se lo puede permitir.