Columnas

Andrés, no mientas otra vez

"La polarización, la indignación y el rompimiento del tejido social fueron los logros más dañinos y profundos del correísmo y su discurso"

¿En qué se resume esto? En que el correísmo mintió hasta la médula. Que le dijo, a la gente que le creyó, que venían a resucitar la justicia social, pero no fue así. Resulta que hicieron un par de cosas positivas, pero miles de cosas negativas. Quienes me leen pensarán que ya han leído suficiente al respecto y que enumerar la refinería del Pacífico, o el rescate de la educación con las escuelas de milenio o Yachay ya son temas trillados. Habrá quien piense que nadie había hecho por las empleadas domésticas lo que el correísmo hizo y también quien piense que nunca se robó tanto como en los gobiernos del correísmo.

Las carreteras se caen en pedazos y no nos olvidemos los sobreprecios por kilómetro hecho. Un desgarre si se lo mira con respecto del nivel de necesidad, dólar invertido y dólar aprovechado en la mayor bonanza petrolera con respecto de la media de ingreso por individuo y los índices de pobreza y desnutrición. Así uno aterriza la demagogia del socialismo del siglo XXI. Eso sin llegar a Venezuela, que según el correísmo es un “cuco” de la derecha. La polarización, la indignación y el rompimiento del tejido social fueron los logros más dañinos y profundos del correísmo y su discurso.

Es por esto que el discurso de Andrés Arauz se cae, porque se nutre de la necesidad continua de tergiversar y manipular los hechos. Su candidato dice que quiere menos odio, pero utiliza la indignación del pueblo para movilizar. ¿Quién no está indignado del estado de las cosas? ¿Cómo se puede curar la enfermedad con los mismos elementos que la producen? ¿Qué periodista no recuerda el miedo al denunciar? ¿Quién no recuerda al vicepresidente Glas decir que cuando él veía el terreno de El Aromo veía una refinería? La realidad fueron mil doscientos millones en compra y movimiento de tierra, ¿con coimas? o ¿acuerdos entre privados? Es tanto lo que hay que recordar. Andrés Arauz habla de su carrera y ataca a Lenín Moreno, el candidato de Alianza PAIS, figurando como funcionario de carrera del Banco Central del Ecuador hasta el 2020, entonces uno piensa ¿/(&%$·*·? Así, exacto, algo ininteligible, porque los argumentos de Arauz no se comprenden. ¿Cómo puede haber una desdolarización buena y una mala? ¿Cómo se puede ser antagonista y empleado a la vez? ¿Cómo hablar de inclusión si el método es la coerción y la persecución? ¿Cómo se puede apoyar a Maduro en la hambruna de Venezuela y hablar de dignidad y humanidad? ¿Cómo hablar de futuro y progreso con recetas fallidas? Andrés, no mientas otra vez.

La pandemia nos mostró un lado horrible, el de los mercaderes de la muerte, de los contrastes dolorosos entre ecuatorianos, del desbalance en la educación y la ausencia de oportunidades y justicia en el Estado corrupto. El tema es que todo eso ya estaba allí antes que el virus. ¿Hasta cuándo nos dejamos convencer por el acomodo de palabras vacías? La mentira es un ciclo negativo de toxicidad y contradicción; ya lo vivimos y lo vemos nuevamente: ese discurso de “justicia social” disfrazado en el perfil de alguien que parece cercano y se declara joven.

Solo recordemos que el joven tienen un origen político de autoritarismo, demagogia y populismo.

La frase más pegajosa de la campaña, sin duda, con fuerza interna en el fondo de cada una de sus sílabas.