Columnas

Calidad de gestión

"El ministro de Salud declara que la situación de COVID-19 en Quito es crítica, pero que todo está controlado. ¿Podrá llamarse control el ver a ciudadanos haciendo fila desde las 4h00 en busca de atención?"

El ministro de Salud se refirió inapropiadamente a nuestra alcaldesa que, con carácter firme y ejecutorias se organizó administrativamente de manera muy eficiente y estructuró una mesa técnica de formidable desempeño, que conjuntamente con el accionar del Comité Especial de Emergencia para Erradicación del COVID-19, convirtieron a Guayaquil en un ejemplo digno de imitar para Latinoamérica.

El ministro de Salud declara que la situación de COVID-19 en Quito es crítica, pero que todo está controlado. ¿Podrá llamarse control el ver a ciudadanos haciendo fila desde las 4h00 en busca de atención? ¿Cómo puede estar controlado si hay hospitales que desbaratan las cafeterías para llenarlas con camas dada la gran demanda?

Suelto de huesos, el ministro manifestó en la Asamblea que los médicos estaban al día en sus pagos. ¿Acaso no sabe que solo en Guayaquil hay 6 hospitales en donde los posgradistas no reciben remuneración alguna desde hace 9 meses y no tienen para sufragar sus gastos personales y familiares con esa exigua suma que no reciben, y que están al borde del colapso dada la intensidad horaria a que están sometidos?

Increíblemente, expide un reglamento para establecer el contenido y requisitos de la receta médica, mal redactado y absurdo. En él se menciona una CEE inexistente, pues las siglas de la Clasificación Internacional de Enfermedades son CIE-10, pide colocar antecedentes de alergias, lo que obligaría a hacer 2 o más recetas según el paciente.

Exige luego el diagnóstico del usuario/paciente según la CEE que no existe, pero lo que es extremadamente grave e inadmisible, es el colocar el diagnóstico del paciente en un documento público, lo cual atenta contra la reserva profesional y la discrecionalidad con la que debe manejarse esa información.

No se regula la prescripción, sino que se ha promulgado un reglamento que es un perfecto mamotreto, que debe ser derogado ‘ipso facto’ al transformar a la receta, usualmente sencilla y práctica, en una especie de declaración extensa y absurda que jamás será aceptada por un médico en ejercicio de su profesión.

Y sigo andando…