Columnas

La sociedad civil

'Desde entonces los guayaquileños aprendimos a resolver problemas a nuestra manera’.

Guayaquil desde 1840 con 23.000 habitantes ya era el centro comercial del Ecuador. A pesar de ello, ni caminos adecuados nos unían con la capital, a la cual se llegaba en más de dos días de viaje por trochas muy peligrosas.

Desde entonces los guayaquileños aprendimos a resolver problemas a nuestra manera. Así, en 1849 nacía la Sociedad Filantrópica del Guayas, integrada por 64 ciudadanos entre obreros, carpinteros, comerciantes y hacendados, con el fin del socorro mutuo y la conformación de una caja de ahorro. "La ciudad se desarrollaba en el área industrial y requería personal capacitado. En algún momento, los miembros de la sociedad decidieron acoger la bandera de la educación”, dijo alguna vez Feraud Stagg. Luego de la guerra civil de 1883, nació la Sociedad de Beneficencia de Señoras, para atender a las viudas desesperadas y huérfanos desamparados, la cual aún hoy educa a miles de niños, además de prestar servicios de salud, ayuda social y asistencia familiar.

Más tarde, con la fiebre amarilla, la insalubridad golpea cruelmente a la ciudad y nace la Filantrópica y luego la Junta de Beneficencia de Guayaquil, fundada en 1888 por un grupo de filántropos liderados por Francisco Campos Coello.

Ejemplos que nos muestran que, ante la inacción o desconocimiento de la realidad sobre territorio del centralismo, la ciudad se convirtió de faro de libertad, en dinamo económico y gracias al aporte de sus ciudadanos, en la capital del voluntariado y de la filantropía. No vale mencionar aquí a las miles de organizaciones de la sociedad civil que hoy apoyan el desarrollo social, educativo, económico, gremial y hasta deportivo de nuestra patria chica.

Hoy, que vivimos el capítulo más triste de nuestra historia, por la falta de una infraestructura de salud sólida, por falta de recursos que Dios sabe a dónde se desviaron, por errores al dar información no validada, por la perversidad de los enemigos de Guayaquil y por protervas cuotas políticas, llegó de nuevo la hora, amigos, de recordar que sí tenemos historia. ¡Fortalezcamos toda iniciativa de la sociedad civil para salvarnos!