Columnas

Revolcándonos en el caos

Nos revolcamos en el caos, sin llamar urgentemente a un diálogo. ¡Por favor… se nos acaba el tiempo!

Parafraseando al Dr. Lorenz que en los 60 dijo que el aleteo de una mariposa en Brasil podría producir un tornado en Texas, decimos que un chino se comió un pangolín en Wuhan y todo el planeta entró en cuarentena, de acuerdo a la Teoría del Caos. Así, al primer estornudo chino se produjo la guerra del petróleo, con caída de su consumo mundial. Resultado: el precio del petróleo ecuatoriano estuvo a menos de cero. También coincidió con las fechas de San Valentín, las exportaciones de flores desaparecieron en el sector más golpeado en la crisis de octubre. Al estar nuestros principales mercados en cuarentena, el consumo de banano, plátano, camarón, atún y cacao se proyecta con bajas preocupantes. Las remesas, mayoritariamente de Estados Unidos, España e Italia, no llegarán, pues la crisis de desempleo impactará sobre nuestros migrantes. El turismo, en terapia intensiva, a pesar de todo su potencial. La mayor parte de los ecuatorianos que sobreviven por las pymes y el autoempleo aún no rompen el dilema de: o muertos por el virus o muertos de hambre. Las empresas obligadas a optimizar el centavo empezaron a despedir personal para hacerlas sobrevivir a ellas y a los indispensables. Y por si esto no fuese poco, a pesar de que nuestros ojos están día a día puestos en el sistema de salud, la corrupción arrasa y no hay lugar que no destape negociados criminales.

El Gobierno con su limitada capacidad política llama a la solidaridad con la ley humanitaria, pues no tiene cómo pagar la quincena del inmenso gasto burocrático en que nos dejó el régimen anterior, el hueco fiscal es enorme. Proponen la vía de impuestos temporales a las empresas que tuvieron utilidad de más de un millón de dólares, a los residentes en paraísos fiscales con propiedades en Ecuador y a los ciudadanos con ingresos mensuales altos; a esta propuesta los gremios productivos dicen no más impuestos. Y todos dicen no, cuidando su metro cuadrado. La otra vía es más deuda y a ver si la dolarización lo soporta. Nos revolcamos en el caos, sin llamar urgentemente a un diálogo. ¡Por favor… se nos acaba el tiempo!