Columnas

Noboa

"Con la misma filosofía de haber sido parte de un excelente gobierno donde la única visión que primaba era la del presidente"

Siguiendo con la serie de los guayaquileños que manejaron los destinos del Ecuador, al cumplir 485 años de nacimiento como ciudad, permítanme contarles esta historia. Era una tarde plácida de invierno del 2001. El presidente Noboa me invitó a que lo visite en su hogar y me propuso la asombrosa aventura de ser su ministra de Ambiente. Luego de conversar con mi familia y de arreglar con él temas de mi traslado a Quito, asumí el 3 de mayo la cartera de Estado, junto a otro novato en la política: Ricky Moss, compañero de un gabinete inolvidable, todos amigos del presidente Noboa. Y así terminamos en febrero del 2003, con la misma filosofía de haber sido parte de un excelente gobierno donde la única visión que primaba era la del presidente.

Noboa fue elegido vicepresidente con Mahuad, hasta que por el mal manejo de la crisis económica del 98 alrededor de doscientos mil ecuatorianos migraron a Europa. Mahuad ordenó entonces el congelamiento de los depósitos y llevó a la quiebra al 80 % de la banca, medida con la cual Noboa estuvo públicamente en desacuerdo. No fue el único; indígenas, con la colaboración de civiles y militares, llegaron a la capital y forzaron la salida de Mahuad; la posesión del presidente Noboa mantuvo el orden constitucional e inició un mandato en la crisis económica más grande que había sufrido el país.

Es difícil en una columna abarcar la inmensa obra de pacificación y de estabilidad económica, gracias a su decisión de mantener la dolarización, y de cientos de grandes obras como: construcción del OCP, derivación del trasvase a la península, agua potable, vías operadas por concesiones, creación del Fondo de Solidaridad y muchas más, a pesar de haber sufrido impactos fuertes como las inundaciones por el fenómeno de El Niño y erupciones del Reventador. La prensa fue testigo de su filosofía de “si yo no me río de la vida, la vida se ríe de mi”.

Nadie me contó esta historia, yo la viví. Gracias Presidente, por haber regresado a su terruño y ser hoy el referente humano, ético y político que nos guía con su pensamiento de buen guayaquileño y excelente ecuatoriano.