Columnas

El problema de los kurdos

Los países que los circundan los han utilizado cuando les ha convenido, pero ninguno de ellos se atreve a pedir el derecho que tienen de hacerlo realidad.

Parece que existen temas que poco interesan al lector, pero les recuerdo que vivimos en un mundo globalizado, cuyos incidentes en la región que creemos estar muy lejana, en alguna forma afectan a todos los Estados.

Hoy tratamos sobre un pueblo que merece otro trato: los kurdos, que son la minoría étnica sin Estado propio más importante de todo Medio Oriente: más de 30 millones de personas repartidas en un territorio que hoy se dividen en Turquía, Siria, Irak e Irán, pero unidas por una lengua propia y una cultura milenaria, siendo su mayoría musulmanes sunitas. Nunca han dejado de soñar con un Kurdistán independiente. Así llevan más de 100 años.

Así se han erigido en una de las más importantes líneas de defensa contra los avances de los yihadistas en el norte de Irak y Siria, obligando a Occidente a reconocerlos como aliados clave en esa.

Los kurdos de Turquía, sin embargo, están furiosos con las tropas turcas que les impiden cruzar la frontera para pelear al lado de las milicias kurdas en Siria, ya que podían fortalecerse. Su ideal es, insistimos, el de ser reconocidos como el Estado independiente de Kurdistán.

Luchando por la independencia. Movimientos independentistas kurdos surgirían luego, inevitablemente, en Turquía, Siria, Irak e Irán, pero sin el apoyo real de Occidente, más preocupado por lo que las pretensiones kurdas podían significar para la estabilidad regional, sobre todo para Turquía que es miembro de la Unión Europea.

La orientación comunista del PKK, Partido de los Trabajadores del Kurdistán, principal fuerza independentista kurda en Turquía, es considerada una organización terrorista por el gobierno de Ankara y sus amigos occidentales.

Ello tampoco le ayudaría a los nacionalistas kurdos a granjearse la simpatía de EE. UU. y sus principales aliados.

En la actualidad, Turquía está inmersa en un proceso de paz con el PKK marcado por un acuerdo de cese del fuego alcanzado en marzo de 2013, que muchos esperan represente el fin de una lucha armada que empezó en 1984, causando más de 40.000 muertos. Pero el objetivo declarado no es independencia, sino autonomía.

Consideramos que los kurdos reúnen todas las características para lograr ser reconocidos como Estado independiente. Los países que los circundan los han utilizado cuando les ha convenido, pero ninguno de ellos se atreve a pedir el derecho que tienen de hacerlo realidad.