Columnas

La guerra de las vacunas

A nuestro criterio, lo que más confunde es la competencia entre laboratorios farmacéuticos, esta vez apoyados por los países de origen, que tratan de demostrar cuál es la vacuna más efectiva.

Habría que revisar las noticias que hace dos siglos aparecieron cuando la gripe española causó tantos estragos en la humanidad, pues en los actuales momentos el mundo vive una pandemia que amenaza hasta con cambiar a los seres humanos en su forma de vivir, alimentarse y trabajar.

A nuestro criterio, lo que más confunde es la competencia entre laboratorios farmacéuticos, esta vez apoyados por los países de origen, que tratan de demostrar cuál es la vacuna más efectiva, 

China, que todavía no puede sacarse de encima el sambenito de haber fabricado el virus y diseminarlo, sostiene que la vacuna fabricada por ellos tiene total efectividad. Inglaterra, que atiende dos frentes: el del brexit y el de la vacuna (que debe ser la ideal para una posible cepa que se convertiría en una nueva catástrofe), ya empezó a obligar la vacunación, dando preferencia a ancianos, menores y enfermos. En Estado Unidos, la marca Moderna se ha generalizado y los dos primeros mandatarios fueron los primeros en vacunarse. Trump fue acusado de ser un poco incrédulo respecto a la COVID-19, demorándose en disponer la inmediata acción para combatir la pandemia. Los rusos ya tienen su vacuna y lograron venderla a Argentina.

Para nosotros, quienes deben hacer una declaración oficial son los directivos de ese armatroste que es la Organización Mundial de la Salud, un poco temerosos por depender tanto de la posición china. De lo que podemos estar seguros es de que las grandes beneficiadas serán las empresas farmacéuticas, cuyos ingresos superarán de largo a los de fabricantes de armas y narcotraficantes. Ya se empezó a hablar de que son dos las dosis y luego vendrán nuevos ingredientes para complementarlas, o saldrán nuevas vacunas según la cepa que se descubra. Creo que empezará un cuento de nunca acabar.

Nos equivocamos los ingenuos que creíamos que esta lección que nos ha dado la naturaleza iba a servir para lograr una unidad de pensamiento de gobernantes y gobernados, dándonos cuenta de lo poco que se ha conseguido en tantos siglos de existencia. Soñábamos con que las empresas farmacéuticas y los países a los que pertenecen repartirían la vacuna gratuitamente, con el objeto de que no quede un solo ser en el mundo sin recibirla.

Por muchos años los científicos que trabajan para ellas han creado productos para sanar a millones y millones de enfermos, a quienes les costaba bastante lograr su curación. En ningún caso han perdido dinero, y una acción de este género les hubiese conseguido la gratitud de los seres humanos.

En fin, nos perdonarán los lectores, por haber tenido ‘sueños de perros’.