Columnas

Bielorrusia y el último dictador de Europa

"Los gobernantes deben darse cuenta de que, a los más, dos períodos seguidos de un presidente deben permitirse"

La República Socialista Soviética de Bielorrusia fue uno de los cuatro miembros fundadores de la Unión Soviética en 1922. Su capital es Minsk. Fue creada el 1 de enero de 1919 y desapareció el 26 de diciembre de 1991 con la disolución de la URSS.

Una delegación del Congreso ecuatoriano presidida por Rodolfo Baquerizo fue invitada por el gobierno soviético cuando desempañaba las funciones de embajador. En el programa constaba una visita a Minsk. El viaje fue por tren; salía a medianoche, seguramente para no ver la pobreza de los pueblos y el estado de los campesinos. En el gobierno anterior se establecieron relaciones diplomáticas permanentes. En las últimas medidas, la Cancillería suprimió esa embajada.

Cuando se disolvió la URSS fue designado presidente Aleksandr Lukashenko, el 20 de julio de 1994. En 1991 fue el único miembro del Soviet Supremo bielorruso que votó en contra de la disolución. Ha sido reelegido en seis ocasiones con porcentajes superiores al 70 % de los votos, resultados considerados fraude electoral por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Las recientes elecciones presidenciales constataron que el descontento iba en aumento, según analistas, a causa de la gestión de la COVID-19, el descontento por los bajos salarios y la falta de libertades. Por primera vez tuvo que hacer frente a una oposición organizada, liderada por Svetlana Tijanóvskaya, su rival en las elecciones, que cuestiona su mantenimiento en el poder por considerar que los resultados electorales fueron falsificados. Los datos oficiales señalaron la nueva victoria de Lukashenko con 80,23 %, otorgando a la opositora el 9,9 % de los votos.

La oposición no reconoció los resultados y denunció fraude. Por tres noches de movilizaciones se formó en Minsk una cadena humana para protestar contra la violencia y el fraude. Los manifestantes fueron desalojados por la Policía con armas de fuego y hubo muertos, heridos y 6.000 detenidos. Miles de mujeres vestidas de blanco y portando flores marcharon por las calles de la capital exigiendo que Lukashenko libere a los presos políticos.

Los gobiernos occidentales han condenado el desarrollo de las elecciones presidenciales y la violencia contra los manifestantes. Lukashenko ha resuelto convocar nuevas elecciones, pero aprobando una nueva Constitución. Si esto sucede sería la imposición de un pueblo decidido a liberar al país de su dictador.

Los gobernantes deben darse cuenta de que, a los más, dos períodos seguidos de un presidente deben permitirse. Acostumbrándose al poder pierden noción de lo que sucede en el país que están gobernando y junto a sus colaboradores sacan el mayor provecho personal.