Columnas

¡Es con usted, presidente!

"La complicidad y el encubrimiento tienen diversas formas de manifestarse".

El quemeimportismo del Gobierno en relación con la cuestionable forma de actuar de varios de sus altos funcionarios es una cosa que asusta.

Con pruebas irrefutables de malos manejos de fondos públicos y de los de los afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, lo que hace el Ejecutivo es rotar a esos servidores de dudosa moral y visible “rabo de paja” de un sitio a otro o, ante el evidente repudio colectivo, agradecerles por “el fiel cumplimiento” de las funciones a ellos asignadas.

En días pasados la caricatura de un excelente pensador político que se expresa mediante sus trazos, mostraba a un licenciado Moreno a bordo de su silla y con los oídos tapados frente a una creciente cantidad de voces que le gritaban “corrupción, corrupción, corrupción”. A la hilaridad que tal referencia produjo en la opinión ciudadana se suma ahora un sentimiento de honda preocupación que, con el paso de los días y la reiteración de “travesuras”, se convierte en indignación y franco rechazo a esa irresponsabilidad manifiesta en el manejo del poder.

¿Cómo es posible -nos preguntamos- que, pese al ofrecimiento del titular del Ejecutivo, para frenar la corrupción no exista hasta el momento ningún resultado concreto? ¿Acaso el presidente ignora que hay expertos, con mucha formación e información, en condiciones de descubrir el destino de todo lo robado en la década correísta?

En lugar de dar señales claras en ese objetivo, aquel se ha convertido en difusor de una retórica repleta de muletillas y lugares comunes: “reinventar el país”, “apoyar a los emprendedores”, “crear una nueva normalidad”.

Su actitud está lejos de generar optimismo y asoma más bien como una reiterada e incomprensible confianza hacia los ejecutores de las órdenes procedentes del jefe de esa desvergonzada mafia.

La complicidad y el encubrimiento tienen diversas formas de manifestarse: o se dan mediante acciones que apoyan, de modo directo, la conducta dolosa, o se expresan cuando, ante el reclamo social, el interpelado regresa a mirar a otro lado.