Columnas

El populismo como karma

"El “modelo” está en deuda con los derechos ciudadanos".

Una ciudad como Guayaquil requiere de una gobernabilidad que englobe todos los aspectos de su dinámica. Responder a sus particularidades implica hacer una responsable revisión de su historia, conocer las razones por las cuales creció de manera impetuosa, sin planificación y convertida en un polo de atracción de múltiples contingentes migratorios, principalmente internos, repletos de necesidades, con manifestaciones culturales propias, costumbres y requerimientos que, en circunstancias de angustia por sobrevivir cedieron a la conveniencia de liderazgos que terminaron por masificarlas, convertirlas en amorfos colectivos en condiciones de ser movilizadas para beneficiar los egoístas y trogloditas intereses de los caudillos de turno.

Guayaquil ha sido la cuna del populismo, y este fenómeno, a más de expresar una realidad de sumisión de una enorme población a la conveniencia refractaria de una figura mesiánica de indiscutible poder de dominación y control, ha diseñado una institucionalidad local que, en el mejor de los casos, ha logrado sobresalir por su eficiencia en el manejo de recursos, racionalidad administrativa y realización de obras, pero no por su capacidad para comprender que un proceso de crecimiento exponencial urbano como el que se ha dado, conlleva la obligación y el deber de reconocer en los “pueblos nuevos” una aspiración que exige, de manera urgente, tener presencia decisoria en su destino y ser reconocidos como sujetos activos de una gobernabilidad que trasciende los límites institucionales y se afinca en un amplio y muy específico mundo, con cosmovisión y lógica propias.

Esta “ausencia de ciudadanía” se ha manifestado en la situación actual de la pandemia como una seria dificultad para ejecutar estrategias de combate a sus duros efectos, contar con una red estructurada de organizaciones populares que permitan racionalizar el comportamiento de la comunidad y la distribución de ayudas, y articular un sistema eficiente de respuesta.

El “modelo” está en deuda con los derechos ciudadanos.