Columnas

El triunfo de la gente

"...lograr un quiebre tan significativo en el derrotero político del país, en un ambiente de calma y celebraciones sin problemas, es auspicioso. No hay en el electorado de Lasso ambiente de venganza o ajuste de cuentas; solo el deseo de que la Justicia haga su trabajo"

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Lasso se desplazó con éxito hacia el centro donde estaban los votos que le fueron ajenos en la primera vuelta.expreso

La elección de Guillermo Lasso a la presidencia de la República encierra, curiosamente, algunas claves de lo que podría caracterizar la nueva etapa para el país, que el electorado inauguró ayer.

1. Un triunfo nítido: el líder de CREO ganó con cerca de 5 puntos sobre Andrés Arauz, dejando sin piso al fantasma de 2017 que el candidato correísta quiso posicionar apenas se cerraron las urnas. En una aparición sorpresiva dijo, en efecto, que había un empate técnico con una diferencia, favorable para él, de 1,6%. Así, de pronto, el país vislumbró un escenario interminable de impugnaciones, apertura de urnas y denuncia de fraude. La movida de Arauz tuvo, no obstante, un antídoto implacable en la retina de los electores: el exit poll de Cedatos que, desde las 17:00, dio el triunfo a Lasso por cerca de 6 puntos.

2. Un triunfo reconocido: la diferencia fue tan rotunda, gracias al escrutinio rápido de las actas por parte del CNE, que el candidato correísta no volvió a la tarima a las 19:00 sino hasta las 21:45. Lo hizo para reconocer su derrota y anunciar que iba a llamar a Guillermo Lasso para felicitarlo. Cumplió y Lasso lo consignó en un tuit alrededor de las 23:00. Rafael Correa también admitió la derrota: es un hecho significativo que carga al nuevo presidente de la legitimidad que careció el gobierno de Lenín Moreno.

3. Un triunfo en paz: lograr un quiebre tan significativo en el derrotero político del país, en un ambiente de calma y celebraciones sin problemas, es auspicioso. No hay en el electorado de Lasso ambiente de venganza o ajuste de cuentas; solo el deseo de que la Justicia haga su trabajo. Esta victoria garantiza que fiscales y jueces puedan seguir haciendo su trabajo sin intervención política, como es natural.

4. Un triunfo del centro: Lasso se desplazó con éxito hacia el centro donde estaban los votos que le fueron ajenos en la primera vuelta. Esa debería ser la marca de su gobierno y ese mensaje debería llegar a la Asamblea, que ya estaba enfrascada en negociaciones ajenas a las urgencias que ahora marcará el Ejecutivo. El primer discurso de Lasso ratifica que su gobierno no será expresión de extremismo alguno.

5. Un triunfo de la opinión: Lasso agradeció a Jaime Durán y Santiago Nieto por el derrotero estratégico que siguió en la segunda vuelta. En realidad, el protagonista de su triunfo fue la clase media que se movilizó, por fuera de su juego estratégico, para bloquear el camino de odio y venganza prometido por el correísmo. Esa participación ciudadana no tiene precedente en el país y explica por qué obtuvo 33 % de votos en cuatro semanas; lejos de Arauz que solo sumó 15% de votos a los de la primera vuelta. En el triunfo de Lasso está el hartazgo producido por el aparato del caudillo, su ejército de troles, sus mentiras, sus amenazas, el nuncio explícito de volver para quedarse 30 años o 50 años en el poder.

6. Un triunfo contra las élites: Lasso no representa las élites; nunca lo han reconocido. Ni las costeñas ni las serranas que, tras la primera vuelta, se alinearon con Yaku Pérez, presentado como el único que podía vencer a Andrés Arauz. Eso le diseña un perfil ideal para presionarlas e invitarlas a asumir su papel en la reconstrucción del país. Mirando el caso de Macri en Argentina, y a fin de evitar tender de nuevo la cama al populismo correísta, Lasso tiene que solventar en forma urgente una agenda social para los sectores más vulnerables y más afectados por la crisis económica y la pandemia. Eso cuesta. Si los más necesitados no deben algo a la democracia, nunca la van a defender.