Columnas

El efecto Lasso

"¿Queremos que en verdad cambie el país? ¿O más de lo mismo con sus obstinaciones?"

Para la mayoría del país, ojalá fuesen todos, el mensaje del nuevo presidente de la República ha sido un viento refrescante que anuncia cambios para que vengan mejores tiempos. Es un caso excepcional de la región, donde en los demás países, sus ciudadanos y sus mandatarios están con los rostros fruncidos, agrios por los conflictos..

Que el riesgo país haya bajado notablemente y que se empiece a hablar de nuevos empleos, son consecuencias de este efecto que queremos que perdure en el convivir ciudadano.

La palabra “encuentro”, que fue utilizada varias veces en el discurso de toma de posesión presidencial el 24 de mayo, es clave para mantener y avivar este efecto. No es meramente retórica. Encuentro significa abandonar los sitios donde habitualmente se está y salir, precisamente, a encontrarse con otros que piensan diferente y que tienen objetivos distintos.

Utilizando una conocida imagen de Paulo en Efesios, se trata de dejar atrás al hombre viejo para convertirse en hombre nuevo. Dejar al viejo país con los prejuicios de décadas que casi nos han hecho fracasar y abrirnos a novedades.

Los representantes del hombre viejo están listos con su repertorio de carambolas. ¿Queremos que en verdad cambie el país? ¿O más de lo mismo con sus obstinaciones?

La presencia de Guillermo Lasso como presidente implica la oportunidad de cambio para el país en una región devastada por la crisis económica pre y pos-Covid, las tragedias de la pandemia, el fracaso de los políticos, la desmoralización por la corrupción que ha horado la credibilidad de las instituciones, el hartazgo y la cólera de los ciudadanos y especialmente de las nuevas generaciones por tantas frustraciones, la acción permanente de los enemigos de la democracia, como el narcotráfico internacional y los grupos que apoyan dictaduras. La lista es larga pero necesaria de enunciar.

Ni el efecto benéfico de estos días ni el llamado al encuentro significa que ya han ganado la partida. El presidente, como se suele decir coloquialmente, ha enunciado las reglas del juego. Falta que sus jugadores salgan a escena.