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El tipo de inversionista que atraen nuestros políticos es uno muy valiente’.

Por estos días se desarrolló en Quito el evento de atracción de inversiones Ecuador Open for Business, con autoridades e inversionistas nacionales y extranjeros. La alineación de expertos en el podio es atractiva, las palabras y conversaciones clave suceden. El sitio donde todo esto pasa parece un templo para adorar el tópico más común en las discusiones: la confianza.

Y mientras en ese claustro de la reactivación productiva y del empleo pos COVID-19 se discuten proyectos estratégicos, se estrechan manos y se hacen planes para el futuro, en la Asamblea Nacional también se conversa de temas relevantes para la inversión. Pero hay un detalle: allí nadie parece preocuparse por la inversión privada, aquella que busca certezas y confianza. Todo gira en torno al presupuesto público.

Mientras transcurría el primer día del evento con el que el Gobierno busca atraer inversiones, el pleno del Legislativo sumó 94 votos de 137 para devolver la proforma presupuestaria presentada por el presidente para 2022.

Es un mensaje de los asambleístas sobre los planes del Gobierno, que incluyen, supongo yo, algunas de las condiciones requeridas para que lleguen más capitales al país. Es un mensaje que solo puede interpretarse como desacuerdo con sus planes, cuando no simple desconocimiento.

También se debate en la Asamblea en estos días la reforma tributaria presentada por el Ejecutivo como económica urgente: le queda apenas una semana más de trámite y falta que se reúna el pleno, sobre cuyos votos solo se puede especular.

En el Proyecto, entre otras cosas propias de una reforma fiscal propuesta por nadie sabe quién, se pretenden cambiar las reglas del juego para quienes vienen trabajando justamente en afianzar condiciones de inversión. Disposiciones como la Transitoria Octava suponen que megaproyectos de inversión que requieren años de planificación deban cambiar sus cronogramas y ajustarse a nuevas mandatos legislativos en cosa de un mes.

Parecería que las agendas país del Ejecutivo y de la Asamblea son mundos paralelos. Enhorabuena el tipo de inversionista que atraen nuestros políticos es uno muy valiente.