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Arma política

"Todos queremos saber qué va a pasar en las próximas elecciones"

Ante la proliferación de encuestas, hay dos tipos de personas. Responsables e irresponsables. Odiosa distinción.

Todos queremos saber qué va a pasar en las próximas elecciones; todos queremos tomar desde ya decisiones y ganarle la partida al futuro. Tan sensibles son los resultados electorales en todo el mundo que la incertidumbre previa detiene inversiones multimillonarias, frenando o precipitando el empleo y la vida de millones

Cualquier persona responsable sabe que las encuestas son proyecciones de lo que se puede conocer hoy, pues el futuro es, en esencia, imponderable. De allí que los encuestadores se enmarquen en debates estadísticos para tratar de ajustarse al canon científico y mejorar la precisión y credibilidad de su empresa. Pero además de pretender proyectar complejas decisiones y procesos de escrutinio que incluso el más sofisticado de los encuestados ignora al responder, las encuestas son elaboradas por personas de carne y hueso, con intereses propios.

El Parlamento británico investiga quién se benefició con la publicación de encuestas durante y al cierre de la votación original del brexit. No está en duda que la publicación programada de encuestas sirvió para manipular el mercado de valores de Londres durante algunas horas, haciendo millonarias a firmas de papel. Quieren saber quién perfeccionó esta técnica. Pero es muy vergonzoso aceptarlo para la Cámara de los Lores: la economía británica en manos de un grupo de encuestadores vivos. Por ello los métodos estadísticos de los encuestadores deberían ser usados también para medir y acreditar la precisión que han tenido pronosticando elecciones pasadas. ¿No sería deseable que cada encuestadora presente en carátula su récord histórico de precisión atinando resultados electorales pasados? Si no lo hacen, ¿de qué margen de error pueden hablar? Es responsable exigir respuestas. Y al igual que sucede con la circulación de noticias falsas, es irresponsable circular encuestas sin beneficio de inventario. Al ponerlas a circular en sus redes sociales, algo que no tiene ningún valor objetivo obtiene la credibilidad del remitente y se convierte en tema de conversación, en sesgo para la opinión, en arma política. Justo lo que no debe pasar.