Nada sabemos aún

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Nada sabemos aún

Prefiero que se me diga cuánto ignoramos aún sobre el COVID que ser bombardeado con pseudocertezas todo el día’.

Cuánto he disfrutado leer el último reporte de preguntas y respuestas sobre COVID organizado por la CDC, el organismo técnico estadounidense que mira enfermedades contagiosas.

Las transcripciones de los eventos de preguntas y respuestas mal podrían ser consideradas lectura emocionante. Tal vez lo sean los eventos en sí cuando los especialistas que responden o los periodistas que preguntan son histriónicos o polémicos. Pero, ¿leerlos? No.

Entre tanto ruido e histeria colectiva, sin embargo, leer calmadamente -como haber estado ahí pero con el sosiego de la lectura y la distancia-, es hasta un privilegio. ¿Por qué?

Luego de dos años, los mejores investigadores del mundo, los mejores médicos, los mayores presupuestos, nos han garantizado pocas certezas en relación al ruido e incertidumbre reinantes.

Primero bastaba una vacuna, ahora no se sabe si serán diez ni los efectos secundarios aún por verse. Ya advierte la Unión Europea que la suma de vacunas debilita el sistema inmune. Quien iba en la carrera por vacunarse más y con mejores “combos” (“combos” que, de paso, eliminan la posibilidad de un entendimiento riguroso, ergo científico, sobre la efectividad de una u otra vacuna), ahora repara en que ninguna vacuna protege contra el contagio de la nueva variante a la vuelta de la esquina. Ahora es el cannabis el que protegería del COVID… Y los laboratorios ofrecen una nueva tanda de vacunas.

Por eso disfruté leer la transcripción del evento de CDC. Porque en tan burlesca secuencia de pseudonoticias que afectan apenas el lábil razonamiento de quien recibe y reenvía memes por miles, no hay nada más refrescante que leer a los expertos declarar cuánto ignoran. Lo dicen cuando no saben algo, relatan cuanto están investigando de verdad. Así es como debería lucir la ciencia, no como el ciclo de tuits, noticias, imágenes impactantes y decisiones atribuladas de autoridad que hoy asustan, mañana tranquilizan, pasado olvidan, para volver a asustar al día siguiente. Al menos yendo a la fuente hay orden, rigurosidad y razón.