La Narrativa

  Columnas

La Narrativa

Me quedo con estas frases de Guillermo Lasso: “Respetar el interés público, que de real en real se va al estadio… Frente a la adversidad, asumir desafíos concretos”

El presidente Lasso a sus 78 días, mediante una entrevista, hizo énfasis y paréntesis, explicando que para seguir en el patrón del desarrollo necesitamos cambiar una cosa: la narrativa. Que en otros términos es la falencia de la función pública, al no contar con personal idóneo para asumir un cargo. Es que la función pública es igual a emprender, ser empresario, académico, o tener una organización de la sociedad civil, en que inician con una visión y objetivos claros. Ser artífices de nuestro éxito en la gestión pública, aplicando las políticas que impulsen el desarrollo, no que ahoguen las oportunidades. Salir de un estado de inercia, de tomar las riendas de una competencia pública y legal, no esperar que otro -persona, función, cargo o el mismo privado a través de procesos judiciales- resuelva; sino ir y buscar los resultados conociendo riesgos y con el menor impacto.

La narrativa es un baño de verdad. Y tenía alguien que hablarlo. Existen impactos a la eficiencia, desarrollo y fomento a la corrupción.

Lasso sabía cómo recibió el país, sus críticas necesidades. Y comienza a decidir en temas álgidos, de nula responsabilidad ambiental históricamente como duplicar la explotación petrolera a millón de barriles diarios a diciembre del año 2021 en campos viejos y nuevos, expandiendo frontera petrolera, prometiendo incrementar en un 8 % diario: 40.000 barriles más diarios. Que podría ser 7.000 millones de dólares anuales, cubriendo déficit fiscal actual y tener 3.000 de superávit. Pero así mismo advierte que hay que gastar menos, ahorrar. El próximo paso es preguntarnos: ¿Cómo asegurará no se perjudiquen ecosistemas? ¿A dónde esos ahorros deben ir? Sorprendió aún más revelar que en Santa Elena y Manabí no existe control aéreo, y no ha existido apoyo al Consejo Nacional de Seguridad, resolviendo en sesiones consecutivas presididas por él mismo, el colocar radares donde el narcotráfico ha destruido la paz y seguridad ciudadana. Y nos asegura, que resolviendo estos temas, más vacunación y educación, sigue “Promover inversión para generar desarrollo”, y también toma control y actúa: Elimina aranceles, e ISD en sector turístico. Faltaría desmontar los obstáculos llamados hoy en día trámites administrativos como los del Ministerio de Ambiente cuya función de administradores de nuestros recursos no se cumple cuando tardan 10, 5, 1 año, 6 meses en aprobar auditorías ambientales de control.

Volviendo a la narrativa, entonces hemos ignorado el vínculo entre lo personal y lo político, esa tensa negociación en torno a la identidad del que asume un cargo público, su interés y valores, su experiencia y su nuevo quehacer político. Esa relación entre lo que somos y lo que hacemos, lo que llamamos coherencia. Partir del deseo a los hechos. Desmantelar narrativas equivocadas y falsas, que generan enfrentamientos sin ningún sentido.

Algo que hasta ahora Lasso nos está evidenciando con compromiso y que debe poner su impronta en cada Secretaría de la Función Ejecutiva, incluyendo la de Derechos Humanos, pues el debate de derechos sobre todo los de la vida humana desde la concepción, se vienen pronto a la Presidencia desde la Asamblea.

Finalmente, queda la pregunta si ¿la comunicación que se genera desde los medios y desde las diversas funciones del Estado abona a una narrativa diáfana y real?

Me quedo con estas frases de Guillermo Lasso: “Respetar el interés público, que de real en real se va al estadio… Frente a la adversidad, asumir desafíos concretos”.