Columnas

Las plagas de Guayaquil

Si ya interviene la parte legal o peor, hay prisión, la paz familiar y a veces hasta los pocos recursos que se puedan tener, se acaban. No todo es perfecto.

Esta ciudad ha sido, a lo largo de su historia, azotada por plagas y desastres naturales o provocados, que no han podido jamás doblegar su espíritu guerrero y altivo.

Es una ciudad de acogida para los habitantes de otras regiones de la patria y del mundo. La mayoría de los que aquí se asientan, junto a los oriundos, llegan a quererla. Claro, no todos.

Gente de afuera presidieron sociedades científicas en más de una ocasión con singular acierto. Formaron respetables familias y emprendieron negocios que contribuyeron a paliar el desempleo que por momentos se ha tornado crítico, como el que lo ha ocasionado la década perdida y su continuismo.

Gracias al renacer de la justicia, por acción directa de una mujer valiente y al periodismo de investigación de los actos reñidos con la ética y la honradez, vemos con asombro que se descubren las bandas delictivas que se nutren con el dinero de los ecuatorianos, robando en todo lo que intervienen. Salud incluida, gracias al reparto de las llamadas cuotas de poder.

Es decir, mano abierta para el atraco, a cambio de votos para aprobar leyes, nombrar personal inepto y de muy poca moral en las entidades de control, que les serviría a sus protervos fines.

Ya en la vida diaria cabe hacer notar la total falta de respeto y obediencia a las leyes de tránsito, por ejemplo. A cada momento los que tenemos el privilegio de conducir un vehículo por las calles de la ciudad, nos enfrentamos con la gran cantidad de motocicletas, conducidas por gente a la que le apesta la vida.

Con el auge de las entregas a domicilio, ahora en la pandemia, estos seres brotan de las calles y juegan con la tranquilidad de los ciudadanos que contemplamos su accionar suicida.

Ya sabemos que muy rara vez son sancionados, pero si por desgracia se ocasiona un accidente, se inicia el calvario para los involucrados. El accionar de los que deben vigilar (ATM) para que estos hechos no ocurran, es deficitario.

Si ya interviene la parte legal o peor, hay prisión, la paz familiar y a veces hasta los pocos recursos que se puedan tener, se acaban. No todo es perfecto.