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Gaitán Villavicencio | ¿Volver al pasado o al nuevo país?

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Prima el oportunismo político-electorero entre los caudillos del siglo XXI, hay mucho ‘pasado’ y escaso ‘nuevo país’

Desde 2023 y hasta hoy, Noboa es presidente de la República por dos ocasiones, 22 meses. Tiempo suficiente para que él y su grupo se habitúen con la complejidad del Estado y gestión del poder. Le ha tocado gobernar en una etapa convulsionada y conflictiva a lo interno del país, pero también en una globalización en crisis por cambiante y bélica, por la multipolaridad atómica y de desencanto con la democracia, que facilita opciones iliberales. Partamos de dos presupuestos básicos aceptados por analistas políticos y la academia: primero, vivimos un cambio de época articulado por la policrisis no superada desde 2015, por la recesión económica producida por la caída de los precios de los ‘commodities’ al finalizar la década correísta, hasta llegar a la provocada por la pandemia de covid-19 en 2020, pero pasando por el incremento persistente y creciente de la violencia social y criminal, desde 2017, relacionada al narcotráfico -Ecuador de autopista a exportador-; y las bandas locales como trabajadores dependientes y múltiples en la cadena de valor. Segundo, en nuestra maltratada democracia liberal se produjo una profunda crisis del sistema político (pp) que provocó que los partidos tradicionales vayan desapareciendo luego de 1984, asunto que se aceleró con la polarización política activada por medios de comunicación, redes sociales y la guerra de ‘trolls’, desde 2017 hasta ahora, lo que ha hecho que desaparezcan pp hasta llegar al bipartidismo actual. La ausencia de conciencia ciudadana de estos sujetos políticos y la pérdida de mecanismos de mediación afectan los niveles de representación y participación efectivas, provocando el extravío del sentido colectivo de responsabilidad con relación al territorio, el Estado y sociedad. No obstante, con los cambios reales que se han producido se continúa pensando y haciendo la política de la misma forma; no hubo ningún cambio al respecto. Los pp de alquiler o más organizados solo funcionan en etapas electorales, no hay proselitismo ni adoctrinamiento ideológico-político y programático, ni transmisión de valores de justicia y solidaridad, entre otros. Prima el oportunismo político-electorero entre los caudillos del siglo XXI, hay mucho ‘pasado’ y escaso ‘nuevo país’. (Continuamos)