Columnas

¿Debate o disertación?

Ojalá que el debate no sea solo disertación propagandística de los candidatos.

Por fin, hoy esperamos tener debate. Aspiramos a que sea un debate digno del nombre y que no todo termine enfocándose en el color de los zapatos de uno de los contendientes o en las dificultades de expresión del otro, que articula sus palabras como escondiendo un pensamiento ajeno. La moderadora: Andrea Bernal, es de primera, y se espera de ella habilidad en las repreguntas; no cabe que saquen de la urna una pregunta sobre desarrollo agrícola y el aspirante a presidente se vaya por “los cerros de Úbeda” y luego le interroguen sobre su plan de vacunación o qué piensa hacer en ciencia y tecnología. La moderación tiene el rol de establecer el criterio de los contendientes en temas sustantivos, que no pueden exponerse con generalizaciones o lugares comunes. El debate requiere confrontación de ideas, de visiones ideológicas, y necesita de un moderador para evitar el escalamiento de las tensiones, pero su rol va más allá de solo preguntador.

En todo caso, sin duda el país está pendiente de lo que ocurra esta noche. Hay aproximadamente un cincuenta por ciento de electorado que votó por otros candidatos. Adquirirlo requiere de la preparación que evidencien, pero no solo de ella; en el debate también se observa la convicción que se tiene al exponer, la serenidad con la que se manejan los diversos temas, y de ser posible, generar pistas de los equipos humanos con que los van a llevar adelante.

Por otra parte, y este es un rol especial, los debatientes tienen que volver a ilusionar a la república. Se siente al país abrumado por un enorme desencanto; no es para menos, nos han caído todas las plagas juntas. La corrupción es una de las más graves, y ataca sin descanso. Los candidatos tienen que decirnos cómo van a combatirla.

La pandemia de la COVID-19 sigue haciendo lo suyo: los muertos como cifras, suben y bajan, y cada pérdida es una enorme tragedia familiar.

La situación económica apenas si se sostiene a base de créditos. Por el estilo, como pocas ocasiones previas en la República, se requiere de un gran estadista.

Ojalá el debate permita evidenciarlo.