Columnas

El ejemplo de Miyakejima

"Lo de Miyakejima nos da una idea de la capacidad del ser humano para adaptarse a condiciones extremas".

Los habitantes de la lejana isla Miyakejima, en el volcánico archipiélago japonés de Izú, comienzan sus días al igual que cualquier otro habitante del mundo, con una pequeña diferencia, deben usar de manera eventual una máscara de gas.

El 14 de julio de 2000 se produjo en la isla una fuerte erupción del volcán Oyama, que lanzó al aire toneladas de dióxido sulfúrico, seguida de miles de sismos, lo que obligó a que en pocos meses fueran evacuados más de 3.600 residentes. Miyakejima fue declarada oficialmente abandonada y todos los vuelos que pasaban por la isla fueron suspendidos.

Poco a poco la orden de evacuación se fue levantando y en 2005 se permitió a los isleños que volvieran a sus hogares con la condición de que llevaran siempre puestas máscaras de gas para protegerse del mortal aire cargado de azufre. En la actualidad los habitantes y los turistas deben usar las máscaras cuando los niveles de toxicidad lo indican, lo que es bastante frecuente.

Lo de Miyakejima nos da una idea de la capacidad del ser humano para adaptarse a condiciones extremas. Somos la especie más extendida sobre el planeta, capaces de vivir en los climas más fríos y más cálidos. Como especie somos exitosos, sin embargo, este éxito nos está pasando factura. Una de las características más importantes y arraigadas que tenemos como especie, el ser sociales, se está viendo afectada.

Las “estrategias de salida” del confinamiento forzoso, el levantamiento de las restricciones y el regreso a la “nueva normalidad”, pasan por el cambio de conducta social y de adaptación, ya que la vacunación masiva y el desarrollo de inmunidad aún se ven lejanos. El panorama sin embargo, no es claro, ningún país lo sabe a ciencia cierta. Para las ciudades significará no solo definir estrategias de movilidad, de distanciamiento físico o de abastecimiento, sino, principalmente, de pensar cuál es el modelo de ciudad que se desea y se requiere. Una ciudad que se regenere, se reinvente y se adapte para que cumpla su fin principal: dar las mejores condiciones al organismo vivo y social que la habita.