Columnas

Tiempo de promesas

"Nos hemos acostumbrado ya a cambiar cada cuatro años de inquilinos en Carondelet y también en las curules que forman parte del poder Legislativo"

Habiendo superado civilizadamente el pueblo ecuatoriano los tiempos ingratos de los gobiernos de facto, sobre todo dictaduras militares que mandaban por algún tiempo de vacaciones a la democracia, nos hemos acostumbrado ya a cambiar cada cuatro años de inquilinos en Carondelet y también en las curules que forman parte del poder Legislativo.

Ha llegado precisamente el momento de acercarnos al día en que debemos acudir a las urnas, por lo que estamos viviendo los días de la campaña electoral, la cual concluirá el 4 del próximo mes. Y nos toca vivirlo también en medio de una pandemia que nos amenaza con el más nefasto de los virus. Esto ha provocado que, por disposición de las autoridades de salud, se nos limite en nuestras manifestaciones partidarias, sin que podamos integrar grandes desfiles como en el pasado.

Ha llegado también el tiempo de las promesas hechas por todos los candidatos en su intento de convencer y ganarse la voluntad popular que les permita salir triunfantes en la elecciones. Estas promesas salen con una asombrosa facilidad de los interesados, desde aquellas de hacer constar en nuestra legislación la prisión perpetua para los crímenes de lesa humanidad, hasta la de aquel que, con supuestos recursos más que milagrosos, ofrece la creación de más de un millón de puestos de trabajo en momentos en que la pandemia decreció notablemente la tabla de empleos.

Y bueno, temas y motivaciones no les faltan a los candidatos presidenciales que aparecen como los predestinados a salvar a la patria (16 binomios, y podría haber uno más si Alvarito sale triunfante en la terrible pugna que mantienen los dos organismos electorales: el CNE y el TCE), porque se puede hablar, prometer y debatir en torno a la problemática de la industria, el comercio, la agricultura, el turismo, el deporte, la seguridad familiar, más un largo etcétera. Solo les falta que ofrezcan que caerán más lluvias, tomándose las atribuciones de San Pedro.

Como se afirma que la esperanza es lo último que pierde el ser humano en la vida que le falta por vivir, la ciudadanía nacional espera que el elegido en los próximos comicios por los menos cumpla con una cuarta parte de lo prometido, que ya es bastante.