Columnas

Los colores políticos

'Lo cierto es que con los fracasos del socialismo del siglo XXI, el progresismo, por no identificarlo con la izquierda, aunque es su sinónimo, necesita de una recuperación y de un líder que supere la situación actual’.

Desde fines del siglo XIX y comienzos del pasado, en nuestro país se identificaba claramente la tendencia política, hacia la izquierda o hacia la derecha, con solo dos partidos: el Liberal, que se impuso con el Viejo Luchador en 1895, y el Conservador, que había tenido, como vulgarmente se dice, la sartén por el mango desde que se inauguró la República tras salirse de la Gran Colombia y tener que soportar el largo período floreano con el solo paréntesis que introdujo Vicente Rocafuerte

Pero como el mundo avanzó con ideas más radicales desde que Marx publicara El Capital y se asociara con Engels para anunciar que “un fantasma recorría el mundo”, las ideas socialistas que se iniciaron en el Viejo Continente, a paso lento llegaron al nuestro, y en el Ecuador comenzaron a sentirse luego de la matanza del 15 de Noviembre de 1922, con la conformación del Partido Socialista

Más tarde, y recogiendo las enseñanzas de la Revolución rusa, que convirtió al gran país que fue de los zares en la Unión Soviética, apareció el Partido Comunista, más radical, como es de imaginarse.

Con el paso de los años y también tras la caída del Muro de Berlín, las tres posiciones (centro, derecha e izquierda) parecen haberse quedado ya no en la praxis política sino solamente en la nostalgia de los ecuatorianos. 

Y no podemos dejar de mencionar al populismo, con fuerte apoyo del pueblo, cuyos audaces líderes dicen acercarse más bien a la izquierda. Y si bien ahora se dice que solamente aparecen en el horizonte electoral dos candidaturas “de la derecha” con chance para llegar a Carondelet (las del Guillo Lasso y el ‘Chino’ Jaime Nebot), es decir, lo que ahora se califica como neoliberalismo, es posible que en lo que falta para los comicios próximos del 2021 surja una figura hasta ahora desconocida, pero que en poco tiempo se meta en la esperanza popular, como ocurrió con Correa, a quien poco o nada se lo conocía antes de que Palacio lo metiera en su gabinete.

Lo cierto es que con los fracasos del socialismo del siglo XXI (en Venezuela, Nicaragua y hasta México) el progresismo, por no identificarlo con la izquierda, aunque es su sinónimo, necesita de una recuperación y de un líder que supere la situación actual.