Todos contra todos

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Todos contra todos

En estos cinco meses que nos faltarían, el enfrentamiento al que nos referimos al iniciar el presente artículo, ¿podría convertirse de todas maneras en una peligrosa guerra fría?

Entre los organismos de los tres poderes del Estado parece haberse desatado una suerte de batalla campal en la que se dan múltiples enfrentamientos con dudosos resultados para el destino del país y que no sabemos si finalmente los ciudadanos gobernados vamos a salir perdiendo o rehabilitándonos, tomando en cuenta la tan conocida frase del optimista que dice que “no hay mal que por bien no venga”. Esperamos que finalmente se apacigüen los ánimos y que, de alguna manera, superemos la grave inflación económica que padecemos, a pesar de que otra crisis monetaria (sufrida por el entonces presidente Mahuad) terminó dejándonos dolarizados.

Si bien la Asamblea, con mayoría opositora, fracasó en su intento de destituir al presidente Lasso (tampoco logra aún sancionar a los vocales del Consejo de la Judicatura, puesto que en ambos casos no consiguió los 22 votos necesarios, el jefe de Estado mantiene la amenaza de aplicar la tan temida “muerte cruzada”. Pero hasta tanto anunció ya la convocatoria para una consulta popular con ocho preguntas que tendríamos que contestar posiblemente el próximo mes de febrero, si tal consulta tiene lugar junto al proceso electoral que sustituirá a los integrantes de los organismos seccionales. En estos cinco meses que nos faltarían, el enfrentamiento al que nos referimos al iniciar el presente artículo, ¿podría convertirse de todas maneras en una peligrosa guerra fría?

Mientras tanto el diálogo que tiene como interlocutores al Ejecutivo y a los indígenas sigue avanzando, pero a paso de tortuga, lográndose hasta ahora ciertos acuerdos en las llamadas “mesas técnicas”, pero dejando, al parecer, para el último los dos temas cruciales: la focalización del subsidio de los combustibles y la normalización de los precios de los artículos alimenticios de mayor consumo. Los indígenas, por su parte, han advertido que de no tomarse en cuenta todas sus exigencias realizarían otra marcha no tan pacífica, como la de los años 2019 y 2021, es decir, que se aplicaría al Gobierno - y por ende al país – lo que los delincuentes extorsionistas llaman vacuna, que nos volvería a dejar paralizados por un buen tiempo y con pérdida de varios millones de dólares.