Bueno, malo y trucho
Atrás de este tema hay varias aristas, empresas que “entienden” que hay atrasos y suben precios para soportar falta de pago
La última cifra oficial ubica la deuda pública total al mes de noviembre de 2022 en $ 72.599 millones, que representa el 6,.6% del PIB nominal. Del total de endeudamiento, cerca de dos terceras partes es deuda externa, algo más de un cuarto es deuda interna y menos del 10 % corresponde a otras obligaciones locales.
Es bastante claro que el endeudamiento ocurre como consecuencia del déficit, y este cuando los gastos superan a los ingresos. El gasto que puede ser financiado por deuda es el que va orientado a obra pública o inversión. Se supone que la ley prohíbe financiar el gasto corriente con deuda.
Si el gasto es bueno, es decir, se hace una inversión necesaria, el endeudamiento será bueno.
Si el gasto es malo, el endeudamiento será malo; si el gasto se va en corrupción, el endeudamiento será malo. Hubiera sido preferible no haber endeudado al país para ese tipo de gasto aunque las condiciones de endeudamiento hubieran sido excepcionales.
El año 2022 el déficit fiscal cerró por debajo de los $ 1.500 millones y el subsidio de combustibles arriba de $3.000 millones. Ese déficit fiscal se financió con deuda. Si se hubiera controlado el subsidio, el déficit fiscal hubiera sido menor y por lo tanto no hubiera sido necesario incrementar el endeudamiento público. En últimas, el beneficio del combustible subsidiado que “gozamos” los ecuatorianos lo pagaremos en intereses de deuda futura, pero aquel subsidio que se origina en contrabando u otros usos es otro ejemplo de endeudamiento malo. Igual lo terminaremos pagando en cómodas cuotas los mismos de siempre con los futuros aumentos de impuesto.
Cuando el país toma deuda externa para financiar el déficit, los recursos ingresan y circulan localmente activando la economía. Cuando la deuda interna aumenta, puede ser originada en la colocación de bonos a la Seguridad Social, que prefiere invertirlos en el Estado en lugar de trasladarlos al afiliado o mercado de valores local. El consuelo en este tipo de deuda es que lo recibe el gobierno, y al final los recursos terminan ingresando localmente.
Trucho para mí: aquello que se considera deuda pública, pero no representó ingreso de recursos para que dinamice la economía. Adicional al malo, ese sería el tipo de endeudamiento que trataría de minimizar. Hay dos categorías claramente identificadas en el reporte de deuda pública para esta definición personal: las obligaciones no pagadas de presupuestos clausurados y obligaciones pendientes de pago en curso. Se efectuó la obra, se recibió la obra y no se la ha cancelado. Atrás de este tema hay varias aristas, empresas que “entienden” que hay atrasos y suben precios para soportar falta de pago, empresas que pueden estar viviendo al límite y aves de rapiña vendiendo facilidades.
Hasta noviembre de 2022 se registran $ 3.635 millones de atrasos de años anteriores, que si ingresaran a la economía se harían sentir. Bajaría morosidad en banca, aportarían liquidez para nuevos créditos. Si se logra pasar mensaje de que se pagará a tiempo, seguramente disminuiría el rubro de imprevistos en esos presupuestos para nuevos contratos. Tomar deuda externa para bajar atrasos no incrementa el endeudamiento y aportaría un empujón de liquidez. Esos atrasos ya son deuda, pero trucha.