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Votómetro

Este voto moverá la aguja electoral y tendrá que ser monitoreado vía encuestas para observar hacia dónde se decantan.

La tendencia para las próximas elecciones presidenciales se ve compleja. Por un lado están los del voto duro, que acompañan a su candidato independientemente de sus posibilidades de triunfo, de lo que ofrezca en su plan de gobierno o de quién sea el que representa a esa tendencia. Este elector tiene una votación significativa en nuestro país. En otra línea está el voto de rechazo, que lo hace en protesta hacia la opción que no lo convence; este tipo de comportamiento se acentúa en la segunda vuelta electoral. Este grupo ocupa un segmento importante que en la primera vuelta genera una suerte de grupo gitano, que va dejando su voto entre varios candidatos, siempre y cuando no comulguen con la línea a la que ellos se oponen. Luego vemos el voto peligroso, representado por la juventud sin experiencia, ni memoria histórica, que puede votar por novelería, influenciada por mensajes fatuos de candidatos que les proponen lo que quieren escuchar. En democracia, lo ideal sería que todos tengan un voto analítico, para escoger al candidato con base en su capacidad, honestidad, hoja de vida y propuestas realizables; donde, como en los viejos tiempos, escuchemos debates de altura entre los distintos candidatos. Al final, el voto indeciso, que al momento es la mayoría. Estos verán cómo avanza el proceso electoral para tomar su decisión. Este voto moverá la aguja electoral y tendrá que ser monitoreado vía encuestas para observar hacia dónde se decantan.

Penosamente, todo se complica cuando el consenso y la unidad para tener un solo candidato que represente la lucha contra la corrupción, estatismo, abuso de poder y destrucción económica de la nación no fue ron posibles por las vanidades personales de muchos. Tenemos una dispersión electoral importante, que esperamos no favorezca a las tendencias radicales disfrazadas como bonachones de intenciones altruistas. Es temprano para predecir cualquier resultado electoral, pero sí podemos anticipar que habrá segunda vuelta, donde me temo que enfrentaremos la difícil decisión de escoger por el mal menor para el Ecuador. ¡Qué lástima!