Columnas

Tiro por la culata

-2Es ruin que el Gobierno de pocos obligue a los trabajadores del país a aceptar mediante coerción, amenazas y engaños la reducción de sus remuneraciones, lo cual es inconstitucional"

Al inicio de la pandemia el presidente prometió impedir los despidos, dando un mensaje de tranquilidad a los trabajadores de nuestro país.

La promesa se rompió en un abrir y cerrar de ojos; pocos días después del vacío ofrecimiento y en plena pandemia, ocurría el primer despido masivo bajo la causal de “fuerza mayor”. Lo demás es historia.

Al ver el resto de empresas que no hubo ninguna consecuencia ni sanción al respecto, replicaron la aplicación de esa causal para la terminación de la relación laboral de manera unilateral con miles de trabajadores. Luego, como si no fuera suficiente, nos metió otro paquetazo laboral, donde instituyó una orden disfrazada de acuerdo entre patrono y trabajador que permitía la ilegal y arbitraria reducción de nuestros salarios.

Es ruin que el Gobierno de pocos obligue a los trabajadores del país a aceptar mediante coerción, amenazas y engaños la reducción de sus remuneraciones, lo cual es inconstitucional.

Es bochornoso que el Ministerio de Trabajo en lugar de proteger y velar por los derechos de los trabajadores abogue por el bienestar de los empresarios, enfilando al trabajador para que acepte los solapados “acuerdos”, lesivos e ilegales.

Pero faltaba la cereza del helado, que era la legalización de los despidos por “fuerza mayor” durante la pandemia, para que sus acólitos empresarios no paguen las indemnizaciones que les correspondía por ley a sus trabajadores. Para hacerles el juego, el Ejecutivo envió a la Asamblea un maquiavélico proyecto de ley con el propósito de interpretar el artículo referente a la terminación de la relación laboral por caso fortuito o fuerza mayor sin liquidación, y así blindar a los empresarios que, aprovechándose de la pandemia y sin cerrar definitivamente sus negocios, sacaron por esta causa a miles de trabajadores sin pagarles un centavo.

Pero entre Zoom y medias noches, los legisladores tuvieron sangre en la cara y al final les salió el tiro por la culata al Gobierno y a sus amigos: no les resultó, ni les aprobaron la canallada colectiva en contra de los trabajadores.