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El gran perdedor

El gran perdedor es, sin duda alguna, el partido socialcristiano, que demostró no tener escrúpulos para lograr sus objetivos

Desde el viernes, durante la sesión inaugural de la Asamblea Nacional, vimos cómo se desgranaba la alianza entre socialcristianos, UNES y CREO. Era impresentable lo que tenían amarrado; cegados por el poder y con ambición desbordada, fueron capaces de pactar lo que sea para lograr su cometido. Sin embargo, a última hora y a pesar de todos los ruegos, se les aguó la fiesta. Al final, se quedaron sin pan ni pedazo, no les dieron ni a oler ninguna de las nominaciones de las autoridades del Legislativo.

La sesión inaugural fue lo mismo de siempre, frases folclóricas, intervenciones disparatadas, pactos, componendas, amarres bajo la mesa y grescas entre bancadas. Es triste que situaciones como estas ya no nos sorprendan. Seguimos eligiendo mal a nuestros representantes. ¿Cómo es posible que tengamos asambleístas que desconocen la ley, y que, en franca violación a la norma, propongan por tres ocasiones, en la misma sesión inaugural, a un candidato a presidente de la Asamblea que ya había sido rechazado? Pero como están acostumbrados a salirse con la de ellos, pretendieron hacer tabla raza de la ley y ver si les salía la broma de mal gusto.

La colaboración coyuntural entre CREO, Izquierda Democrática, Pachakutik y ciertos independientes dio sus frutos y lograron alzarse cada uno de estos partidos y movimientos con nominaciones dentro de la dirección de la Asamblea, con el gran el acierto de escoger a una mujer de lucha, que conoce los problemas del pueblo, por lo que le auguro el mejor de los éxitos en su gestión como presidente del Legislativo.

Bien por CREO, que se salvó por un pelo al no sucumbir al chantaje y la presión, pues con certeza quienes votaron por ellos no los eligieron para pactar con quienes “saquearon al país durante una década”.

El gran perdedor es, sin duda alguna, el partido socialcristiano, que demostró no tener escrúpulos para lograr sus objetivos. A pesar, de todos los malabares que puso en práctica, se fueron con las manos vacías, sin lograr ningún cargo dentro de la dirección del poder Legislativo.