El porqué de la guerra

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El porqué de la guerra

Así, en el recorrido de la fuerza al derecho, el predominio del más fuerte fue viéndose sustituido por la fuerza de la unión de varios débiles, ‘L’union fait la force’

(Extracto de la carta dirigida por Sigmund Freud a Albert Einstein en 1932)

Por el mes de septiembre de 1932 el renombrado neurólogo austriaco de origen judío y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, respondía una misiva al físico alemán, también de origen judío, Albert Einstein, a propósito de la guerra y sus avatares en un intento de responder la pregunta que este le formulara a aquel: ¿qué podría hacerse para evitar a los hombres el destino de la guerra?

Sabiéndose incompetente en la materia, pues a su criterio la misma es más objeto y menester de estadistas, hombres de Estado, Freud supo plantear el tema a la luz de sus conocimientos, buscando dar respuesta a la invitación que les hiciere la entonces llamada Liga de las Naciones, el organismo internacional creado por el Tratado de Versalles en 1919, que se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Gran Guerra y que sería la génesis de lo que hoy conocemos como la Organización de las Naciones Unidas. 

ejos de pretender formular propuestas prácticas, Freud habría de introducir las consideraciones psicológicas en la prevención de las guerras.

Para ello realiza un recorrido de la historia de la humanidad, analizando la relación entre el derecho y el poder, como lo habría planteado inicialmente Einstein, pero sustituyendo el término "poder" por "fuerza". Aunque ambos términos, derecho y fuerza, parecieran antagónicos, el primero es inequívocamente el resultado del segundo. En sus orígenes más primitivos, la humanidad era regida por el más fuerte, los conflictos eran solucionados por medio de la fuerza, tal como sucede en el reino animal; pero al poco tiempo, está fuerza física fue reemplazada por el empleo de herramientas, dando paso a la inteligencia y la habilidad como principal recurso de fuerza; sin embargo el objetivo se mantenía inalterado, la imposición de uno sobre otro, la aniquilación como medio para eliminar cualquier oposición y hacer escarmentar a cualquier potencial enemigo.

Posteriormente, la aniquilación como objetivo dio paso a la subyugación del enemigo a fin de aprovechar su fuerza para sus intereses; esto, aunque útil, dejaba abierta la opción de la venganza con la consecuente pérdida de seguridad.

Así, en el recorrido de la fuerza al derecho, el predominio del más fuerte fue viéndose sustituido por la fuerza de la unión de varios débiles, 'L'union fait la force'. Este poderío de la asociación de débiles representa el derecho, el poderío de una comunidad, una fuerza que se dirige contra cualquier individuo que se le oponga, recurriendo a los mismos medios y persiguiendo los mismos fines. El poderío de un individuo da paso al poderío de un grupo de individuos. La condición para que esta transición surta efecto radica en que la unidad ha de ser permanente, debe estar organizada bajo fines y reglas comunes que prevenga insubordinaciones, debe crear un organismo que vigile el cumplimiento de las leyes y ejecute actos de fuerza legales, deben aparecer vínculos afectivos y sentimientos gregarios que serán el fundamento de su poderío; para ello, cada miembro deberá renunciar a su libertad individual de ejercer su fuerza y por lo tanto a su soberanía.

(Continuará..)