Es hora de hablar de paz con Rusia

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Es hora de hablar de paz con Rusia

En opinión de algunos, lo peligroso es negociar con un adversario expansionista y asesino. Señalan las concesiones territoriales que se le hicieron a Hitler en 1938, que solo lo alentaron a ir por más’.

El 7 de marzo, Rusia declaró tres objetivos de su invasión a Ucrania: neutralidad oficial ucraniana, reconocimiento de la soberanía rusa sobre Crimea y reconocimiento de la independencia de las regiones separatistas prorrusas en Lugansk y Donetsk. Estados Unidos y la OTAN no se han expresado en forma pública sobre un acuerdo diplomático definitivo; por su parte, el gobierno del presidente Volodímir Zelenski está concentrado en mantener la unidad nacional y la resistencia armada contra Rusia, y la posición de Ucrania solo se ha manifestado en forma bastante contradictoria y fragmentaria. Pero Zelenski, en consulta con EE. UU. y Europa (que respaldan su capacidad de combate) debería formular y declarar lo que espera de un acuerdo de paz razonable. En mi opinión: que la neutralidad ucraniana es una propuesta aceptable y prudente, si el acuerdo de paz negociado ofrece suficientes garantías de seguridad. La neutralidad ayudará a mantener a la OTAN y Rusia separadas, un beneficio para todas las partes y para el mundo. Ucrania puede ser próspera fuera de la OTAN, como ya lo son Austria, Chipre, Irlanda, Malta, Finlandia y Suecia. ¿Quién garantizaría esa neutralidad? Debe hacerlo el Consejo de Seguridad de la ONU, con inclusión del despliegue de una fuerza internacional de paz. También sería estabilizador que China participe en el acuerdo. China, según estimo, apoyaría un acuerdo de paz vinculado con la no ampliación de la OTAN, y es casi seguro que alentaría a Rusia a aceptarlo. Se cederá Crimea de facto a Rusia, pero no de ‘jure’. Crimea se convertirá en un conflicto «congelado», como tantos otros que salpican el mapa del mundo, pero ya no será un ‘casus belli’. Ucrania debe aceptar la autonomía de las regiones separatistas del Donbás según lo previsto en el segundo acuerdo de Minsk (2015), aunque sin acceder a demandas de independencia lisa y llana. Para acelerar el proceso de paz y mantener el apoyo público en EE. UU. y Europa, es importante que el gobierno de Zelenski, alineado con ambos, adopte posiciones claras y razonables. Pero algunos analistas y políticos se oponen firmemente a cualquier acuerdo según los lineamientos expuestos. Los pedidos de neutralidad los consideran equivalentes a una rendición. Creen en una victoria sobre Putin, no en la diplomacia (creencia que canalizó el presidente de los Estados Unidos Joe Biden en su reciente discurso en Varsovia). Esa postura es un enorme error, invita a la continuidad de la guerra. Biden habló de «prepararnos para una larga lucha». Pero ello puede dejar a Ucrania en ruinas y provocar una guerra mucho más amplia. Con la aceptación pública de neutralidad, Ucrania y sus aliados ayudarán a poner fin a la guerra. Cualquier acuerdo debe incluir también los medios para la recuperación posbélica de Ucrania. Rusia deberá comprometer una parte de sus reservas de divisa extranjera congeladas, como parte de la retirada de las sanciones. Ni Ucrania ni la OTAN deben basar sus políticas en la vaga e improbable premisa de derrotar a Rusia. Bien puede ocurrir que Ucrania esté destruida antes de que eso suceda, y si el panorama militar en verdad se tornara contrario a Putin, este podría desatar una guerra nuclear. Por todo esto es esencial que Ucrania y la OTAN formulen ya mismo condiciones de paz convincentes, prudentes y razonables. Cuanto antes se llegue a un acuerdo, más cerca estaremos de evitar una Tercera Guerra Mundial.