Sí, pero no tenemos carreteras

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Sí, pero no tenemos carreteras

Habrá que ir evaluando cambiar la estrategia; reducir el déficit fiscal está bien, es en el ritmo en el que hay que poner más cabeza’.

Con el paso del tiempo, que la popularidad presidencial descienda puede considerarse un elemento normal, en especial en un país en el que nos han acostumbrado a validar la gestión con base en la cantidad de cemento que veamos a nuestro alrededor. No importa si es mal alcalde, pero hay harta acera y bordillo en lugar de alcantarillado. El día que el alcantarillado se ubique sobre y no debajo de la vía, seguramente el país verá más este tipo de obra. A nivel nacional ocurre algo similar. No nos interesa si el déficit fiscal desaparecerá este o el próximo año, lo que queremos es carreteras. Intuitivamente más carreteras, para quienes las piden, suponemos implicará un acercamiento a mayor actividad económica, mayor empleo y menor inseguridad, que en realidad son las preocupaciones de fondo en nuestra sociedad.

El resultado fiscal logrado hasta el mes de marzo de 2022 es consistente con la ruta de reducción trazada por el Gobierno nacional. Se busca, que de cerca de USD 4.000 millones aprobados por la Asamblea Nacional, pueda llegar a menos de la mitad al finalizar este año.

En este primer trimestre existe un superávit fiscal cercano a los USD 760 millones y hubiera bajado a USD 50 millones si pagaban los atrasos por USD 500 millones en Transferencias Corrientes (mayormente seguridad social) y USD 300 millones en Transferencias de Capital (algo de municipios y prefecturas). Ojalá a todos los gastos del presupuesto se les pudiera dar el mismo trato que a la deuda, que es muy raro verla con atrasos. Más liquidez en la economía podría implicar más actividad económica.

Reducir el déficit fiscal está muy bien, ya era hora de abandonar la tremenda irresponsabilidad que en los últimos 2 períodos presidenciales permitieron incrementar el endeudamiento público en USD 40 mil millones como consecuencia de un gasto público superior a los ingresos fiscales (USD 20 mil millones de déficit fiscal en cada gobierno).

Pasar de un abultado déficit fiscal en 2020 (USD 7.000 millones influenciado por pandemia) a superávit, antes de finalizar este período presidencial, para meta del FMI está muy bien, pero aterrizada a nuestra realidad no es el mejor de los escenarios.

Ni siquiera el rendimiento de los bonos de deuda externa parece reflejar “alegría” por dicha hoja de ruta. El riesgo país hace 5 días se ubicó en 783 puntos debido a que nuestros bonos de deuda externa se negocian con 10 % de rendimiento, el doble del rendimiento que logra Colombia o casi el triple del chileno en plazos similares.

Debe existir una gran lista de tareas pendientes por hacer y por comunicar. Cosas distintas para lograr mejores y diferentes resultados. En lo político y sobre todo en lo económico.

Habrá que ir evaluando cambiar la estrategia; reducir el déficit fiscal está bien, es en el ritmo en el que hay que poner más cabeza. Pensar que se debe hacer en dos períodos presidenciales no estaría nada mal. Aprovechar una porción de la mejora del precio del crudo o la recaudación tributaria para “devolverla” en obras o incentivos, estaría mucho mejor. Hacer buenas carreteras con precios sustancialmente mejores que los históricos ayudaría para ir retirando de nuestra mente aquello de “no importa que robe, pero que haga obras”.