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Una respuesta coordinada para el COVID-19

'Los líderes deberían compartir información y experiencias de China, Corea del Sur y Europa; acordar colaborar en el desarrollo de métodos de diagnóstico y terapéuticos; y establecer los pilares de la coordinación de políticas económicas’.

Imagen RESPUESTA COORDINADA
'Los líderes deberían compartir información y experiencias de China, Corea del Sur y Europa'.Adrián Peñaherrera

En apenas pocos meses, el coronavirus COVID-19 ha cubierto al mundo, infectando a 435.000 personas, matando a más de 19.000 y haciendo colapsar los sistemas sanitarios, inclusive de las economías avanzadas.

Una vez que la crisis llegue a los países vulnerables de bajos ingresos, los costos humanos y económicos ya elevados aumentarán aún más -para todo el mundo-. La única posibilidad que tenemos de limitar las consecuencias es trabajar en conjunto.

Al conocerse la noticia de que en China había aparecido un nuevo coronavirus, muchos supusieron que la trayectoria del brote se parecería a la del último coronavirus nacido en ese país, el síndrome respiratorio agudo severo. Pero el brote de SARS de 2002-03 duró apenas seis meses, y afectó a 26 países solamente.

Cuando el brote terminó, la economía china se recuperó rápidamente, mediante una expansión fiscal y monetaria que sustentó un rebote del consumo y la inversión.

El COVID-19, en cambio, ya se ha propagado a más de 170 países, alterando las cadenas de valor, impidiendo la movilidad de los trabajadores, aumentando los costos de producción y debilitando la demanda.

En China, la inversión fija, la producción industrial y las ventas minoristas cayeron a una tasa anual de dos dígitos en los primeros dos meses del año. Estados Unidos y muchas economías europeas también están sufriendo.

La OCDE hoy pronostica una caída de 1,5 punto porcentual del crecimiento del PIB global este año, aunque los puntos específicos dependen de cuánto tiempo dure el brote.

Si el virus se puede contener en el próximo mes, la economía podría rebotar para fines de 2020. Si no, las consecuencias económicas podrían ser catastróficas.

En el peor escenario, el mundo enfrentaría una contracción similar a la de 2009. Pero esto no significa que los gobiernos no tengan la capacidad de limitar las consecuencias de la pandemia. El problema es que, hasta el momento, han implementado medidas egocentristas, muchas de las cuales han resultado ineficientes o excesivas.

Las prohibiciones de viajes unilaterales han generado caos. El alivio monetario -incluido el anuncio de la Reserva Federal de Estados Unidos de que recortaría las tasas de política casi a cero y reanudaría el alivio cuantitativo- ha hecho poco para tranquilizar a los inversores.

Los gobiernos también están implementando varias medidas fiscales, entre ellas recortes tributarios y subsidios. Una acción fiscal de mayor escala vendrá después, y sus efectos son inciertos.

En cualquier caso, las medidas unilaterales nunca serían suficientes para proteger a una economía global profundamente interconectada, mucho menos para combatir un virus que no respeta fronteras.

Los líderes deberían compartir información y experiencias de China, Corea del Sur y Europa; acordar colaborar en el desarrollo de métodos de diagnóstico y terapéuticos; y establecer los pilares de la coordinación de políticas económicas.

En esta era de interdependencia, la única manera de ayudarnos es ayudándonos mutuamente. A falta de una vacuna, la cooperación internacional es nuestra mejor arma contra un virus letal y nuestra mejor defensa contra el colapso económico global.