Columnas

Gambito para la Independencia

‘Humanidad’. Esa palabra debería tener nuevo significado para todos nosotros hoy. No podemos seguir siendo consumidos por nuestras insignificantes diferencias’.

En el mes de abril, 2020, el ‘Centers for Disease Control and Prevention’ (CDC) de EE. UU., que es la agencia gubernamental que aconseja sobre temas de salud, expidió una directriz diciendo que todos debían usar mascarillas en lugares públicos cerrados. E inesperadamente, hace una semana, cambió su postura diciendo que los vacunados no tienen que usar tapaboca dos semanas luego de inocularse.

El cambio de actitud es un gambito, que puede que funcione. Pero puede que funcione allá, en EE. UU., donde se ha vacunado casi el 50 % de sus adultos, con otro 13 % ya con una primera dosis. Aparentemente, dice ‘The Economist’, que la gente está cambiando su comportamiento (ha aumentado -de 45 a 65 %- en las últimas dos semanas el porcentaje de personas que afirma que siempre usaría mascarilla fuera de casa); y el porcentaje de radicales ‘anti-vaxxers’ y de rebeldes que no la usarían nunca, es solo 5 %. Curiosamente, parecería que ver más personas sin mascarilla ha sido factor para que más gente quiera vacunarse. Otra vez, me refiero a lo que está pasando en EE. UU. Nosotros no somos EE. UU., no tenemos esa capacidad de vacunación (aunque a veces pienso que usamos tapaboca con mayor responsabilidad).

A este ritmo, allá se habrán vacunado 50 millones de personas más (por lo menos con una dosis) hasta el 4 de julio -fecha de singular significado para los EE. UU.- en que el presidente Biden espera marcar la independencia de su país frente al virus. Y si el gambito del CDC resulta exitoso (da la impresión que está -como en el ajedrez- sacrificando una pieza que puede ser importante, en busca de una ventaja), probablemente Biden, verá con mayor tranquilidad los fuegos artificiales.

El problema es que esa independencia debería celebrarla el mundo entero, y para ello hay que vacunar a similar ritmo en todos los países.

No puedo dejar de hacer la singular comparación con el discurso de Bill Pullman en la película Día de la Independencia, en la que el enemigo no era un virus sino invasores extraterrestres. En su papel del presidente Whitmore, dijo: “Buenos días. En menos de una hora, aeronaves de aquí se juntarán con otras de alrededor del mundo. Y ustedes estarán lanzando la batalla aérea más grande en la historia de la humanidad... ‘Humanidad’. Esa palabra debería tener nuevo significado para todos nosotros hoy. No podemos seguir siendo consumidos por nuestras insignificantes diferencias. Estaremos unidos en nuestro interés común. Quizá es el destino que hoy sea 4 de Julio, y ustedes estarán peleando otra vez por nuestra libertad. No contra la tiranía, opresión o persecución, sino contra la aniquilación. Estamos luchando por nuestro derecho a vivir. A existir. Y si vencemos hoy, el 4 de Julio no será visto como una fiesta americana, sino como el día en que el mundo declaró en una sola voz: ‘¡No nos iremos en silencio hacia la noche! ¡No desapareceremos sin luchar! ¡Vamos a vivir, vamos a sobrevivir! ¡Hoy celebramos nuestro Día de Independencia!”.

A la película que no quiero referirme es a La Guerra de los Mundos, porque en ella sí ganaron los virus y bacterias; claro, por suerte derrotaron también una invasión extraterrestre y salvaron a la humanidad. Pero como que no viene mucho a cuento. Así que lo mejor es seguir con los tapabocas y vacunándonos hasta que la independencia sea nuestra también.