Cómo encarar la relación con China

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Cómo encarar la relación con China

China lideró la creación de dos nuevos bancos multilaterales de desarrollo. Tanto el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) como el Nuevo Banco

Hay riesgo de una ruptura duradera en el orden mundial, con Estados Unidos y sus aliados de un lado, y China y sus socios del otro. Como señaló la secretaria del Tesoro de EE. UU. Janet Yellen en un evento del gabinete estratégico Atlantic Council el mes pasado, este resultado dista de ser deseable y EE. UU. debe trabajar con China para evitarlo. Pero Yellen propuso acciones que podrían frustrar ese esfuerzo. Para ella, elegir socios «comprometidos con un conjunto de valores y principios centrales» es la clave para la cooperación eficaz en temas importantes. ¿Qué pasa con los países con valores y principios diferentes? ¿Si Occidente excluye a China de sus acuerdos multilaterales, qué otra cosa puede hacer esta más que encabezar alternativas? Un enfoque más provechoso para el acercamiento se basaría en tres cuestiones clave. El multilateralismo es imposible sin ella. Además, China adoptó un papel importante en la arquitectura financiera internacional, como miembro y fundadora de instituciones. Y, la más espinosa: los sistemas económico y político chinos -y sus objetivos e incentivos- difieren marcadamente de los de los países del G7. Esta es una de las principales causas de tensiones y un motivo clave por el cual funcionarios como Yellen promueven la relación más fácil con países «que piensan de manera similar». Sobrellevar perspectivas, ideologías e intereses conflictivos implica un desafío. Esto quedó a la vista con la guerra de Rusia contra Ucrania, que China se negó a condenar junto con el G7. Pero, independientemente de cuán frustrante pueda ser la reticencia China, enfrentarse con sus líderes no ayuda. Tampoco su exclusión de los acuerdos multilaterales. En lugar de eso, los países del G7 deben centrarse en identificar áreas de interés común con bajo riesgo de malentendidos y desacuerdos, y aprovechar las oportunidades de cooperación que haya. El cambio climático, en especial las finanzas climáticas, son un ejemplo obvio pero difícilmente único. Aunque los medios occidentales mostraron a menudo a los líderes chinos como intransigentes y hasta engañosos, China siguió involucrándose constructivamente con Occidente en diversos temas económicos y financieros. Incluso hay cierta convergencia entre las posiciones china y occidental en cuanto a la guerra de Rusia en Ucrania, aunque por motivos diferentes. A principios de marzo y justificándolo por riesgos financieros, el BAII congeló todas las operaciones con Rusia y Bielorrusia, y el NDB anunció que había «puesto en pausa las nuevas transacciones con Rusia». Esto demuestra que para convencer a los países para lograr metas conjuntas no es necesario apelar a los mismos valores. Las cuestiones prácticas también son muy poderosas. En su relación con China, Occidente debe tratar de ampliar el diálogo internacional y fomentar la cooperación para las políticas basándose en intereses comunes específicos. A diferencia de la narrativa prevalente en Occidente, la cooperación con China es la norma desde hace décadas, pero si los líderes del G7 deciden que los «valores centrales» serán la base de la cooperación internacional, esto podría cambiar. Una economía mundial en la que China y el G7 sigan caminos distintos y divergentes dejará a ambos en peor situación.