Claudia Tobar Cordovez | Malas calificaciones, el problema menor
Acciones inmediatas pueden ayudar a mitigar esta situación, como aumentar la protección y supervisión cerca de las escuelas
No hay cabeza para estudiar. Es la realidad de cientos de jóvenes en nuestro país, para quienes la menor de sus preocupaciones es mejorar sus calificaciones. Un reciente estudio del Ineval revela que la inseguridad afecta directamente el rendimiento académico. La percepción de violencia e inseguridad puede reducir hasta en 18 puntos el desempeño en matemáticas y lenguaje. ¿Realmente este estudio revela algo sorpresivo?
Niños y jóvenes ya están haciendo un esfuerzo titánico por permanecer en clases y no formar parte de las graves estadísticas de deserción escolar que sufre nuestro país. Las cifras al 2025 revelan que más de 450.000 niños están fuera del sistema educativo.
Asistir a la escuela se ha convertido en un motivo para ser foco de un intensivo reclutamiento de jóvenes por parte de bandas criminales. En muchas provincias, los alrededores de las escuelas son el epicentro de la comercialización de drogas, la entrega de paquetes y las negociaciones ilícitas. Muchos padres han optado por no enviar a sus hijos a clases ante el riesgo de que sean captados por estas bandas.
La percepción constante de miedo y violencia paraliza. ¿Cómo pretendemos que los niños, en ese estado, tengan la capacidad de mejorar su rendimiento académico si su mayor preocupación es llegar a casa a salvo? El cortisol, la hormona del estrés, puede alcanzar niveles tan altos que pone al cuerpo en modo de alerta y supervivencia, impidiendo que nueva información o procesos de pensamiento complejo tengan cabida. Es casi como pretender que un adulto pueda aprender operaciones numéricas en medio de un accidente.
Existen acciones inmediatas que pueden ayudar a mitigar esta situación, como aumentar la protección y supervisión cerca de las escuelas, crear programas de deporte, arte y cultura que ofrezcan alternativas reales a los jóvenes, y fortalecer los programas de salud mental.
No existe una receta mágica, pero el abandono de nuestros jóvenes no es una opción. Este problema urgente está generando consecuencias mucho más graves que solo malas calificaciones.