Las 7 vidas de Llori

  Columnas

Las 7 vidas de Llori

El miedo nos inmoviliza mientras que allá, en Quito, donde deberían buscar soluciones para la inmensidad de problemas que nos acechan, han elegido no soltar

La Asamblea es un desastre, una vergüenza, un espacio de pugna con seres humanos incapaces de ver más allá de sus intereses.

Estos funcionarios fueron elegidos por un pueblo que jamás imaginó que este Legislativo sería aún peor que el anterior. Y cuando creemos que no podemos caer más bajo, llegan a sorprendernos con un nuevo episodio de ego y de inutilidad.

Tras el accidentado inicio de Guadalupe Llori, nos dejamos ilusionar por su promesa de cambio y encuentro, por la historia de persecución que sufrió en el correato. Aún recuerdo cómo aplaudimos y creímos que la agenda de todos era sacar el país adelante. De eso, hoy no queda nada. Escándalos, riñas, maniobras de poca monta para bloquear al bando contrario. ¿Y las ideas y la discusión de altura?

¿Por qué Llori se aferra tanto al poder, hasta llegar a decir en una entrevista que solo Dios la saca de ahí? ¿Qué intereses tan profundos tiene que no puede deponerlos en favor de que la Asamblea salga del atolladero y haga algo de interés colectivo en esta Legislatura?

Ella ha agotado demasiada vida por su necedad de mantenerse allí. Ha manipulado la justicia para aferrarse al cargo, secundada por jueces, fiscales y algunos legisladores.

Pero también parece que la concreción de la temida nueva mayoría depende de que Llori se canse. También podríamos inferir que, luego de su salida, vendría la nueva conformación del CPCCS y el juicio político a los cuatro representantes del mismo. ¿A quién quieren poner allí y a qué costo?

Lo cierto es que mientras ella se aferre al cargo, la Asamblea seguirá cumpliendo su función actual: no servir para nada de lunes a jueves, en horarios de oficina.

Y afuera de ese edificio, el país se desangra por la inseguridad, seguimos despilfarrando dinero en una Asamblea ociosa, en estado vegetal, llena de pugnas partidistas y de cálculos para las próximas elecciones seccionales y presidenciales.

El miedo nos inmoviliza mientras que allá, en Quito, donde deberían buscar soluciones para la inmensidad de problemas que nos acechan, han elegido no soltar.