A la carga...

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A la carga...

La Asamblea Nacional, que debe ser el foro de la auténtica democracia, es la primera conspiradora contra el orden constituido, como lo afirma paladinamente su presidenta Guadalupe Llori’.

El afán desestabilizador de la institucionalidad del país por parte de sectores políticos, hasta ayer enemigos y hoy amigos de conveniencia, tiene un propósito :“ ir a la carga “, a como dé lugar, para defenestrar a los organismos de control como Contraloría del Estado, Fiscalía General, Consejo de la Judicatura, Sala Penal de la Corte Nacional de Justicia y reemplazarlos por otros a los que puedan manejar, como sucedió en la época robada, para que todos sus atracos a las arcas fiscales, que suman millones de millones de dólares, no sean juzgados como deben ser, o se oculten tras el manto del olvido los que aún no se investigan con grave perjuicio para la moral del país. Quienes están “a la carga” saben que mientras más pase el tiempo les es más difícil hacer trafasías para buscar impunidades, revisiones de juicios penales en causas que son imprescriptibles, lo que significa que los que están escondidos o prófugos no podrán venir al Ecuador a otra cosa que no sea para cumplir sus condenas. Y como ninguno de ellos es un hombre de verdad como para actuar así, como en su época lo hizo Nelson Mandela, que se presentó a la justicia, estuvo preso por más de veinte años y de la cárcel salió al poder sin odios ni venganzas para nadie. Pero eso era Mandela…

Esa es la desesperación. Y no encuentran otro camino que la desestabilización.

La Asamblea Nacional, que debe ser el foro de la auténtica democracia, es la primera conspiradora contra el orden constituido, como lo afirma paladinamente su presidenta Guadalupe Llori.

Como esta es una asamblea integrada en número muy considerable por individuos e “individuas” (¿?) carentes de elementales condiciones para ser legítimos representantes del pueblo, se prestan para toda maniobra, sin importarles el futuro del país.

La historia nos enseña que nada se ganó con la destitución de presidentes. Con estas experiencias vividas seriamos sádico-masoquistas si intentamos repetir una de las peores actuaciones de nuestra vida republicana.