Cartas de lectores

Vivir las virtudes cristianas nos da hogares felices

Una familia puede decir que tiene un hogar feliz si todos sus miembros se esfuerzan por vivir las virtudes cristianas...

Todos tenemos una familia que la engendran los padres procreando hijos para amarlos y educarlos. Pero ¿propiamente lo que llamamos hogar lo logran los miembros de esa familia aportando todos amor con la repetición de actos buenos? Tenemos casa, familia pero... ¿tenemos hogar? Esto se relaciona con el amor que ponemos y que representa el amor de Dios. Una familia puede decir que tiene un hogar feliz si todos sus miembros se esfuerzan por vivir las virtudes cristianas que dan como resultado lo que llamamos frutos del Espíritu Santo. Recordemos que en la hermosa fiesta de las Bodas de Caná nuestro Señor obró su primer milagro y elevó el matrimonio a nivel de sacramento. 

Por esta razón el matrimonio católico se convierte en sagrado cuando Jesús está presente para ayudar a las necesidades de la pareja. 

Ese progreso espiritual lo buscamos a través de la oración y la reflexión diaria para reconocer que todos tenemos tendencia al pecado, egoísmo, orgullo; que nos herimos unos a otros de vez en cuando, voluntaria o involuntariamente. Por eso pidamos disculpas para tomar el primer paso a la reconciliación y como dice el papa Francisco: “el vino del amor es aquello que genera hogares felices”. Esforcémonos por conocer cuáles son las virtudes, los gozos y los frutos del Espíritu para que en nuestro hogar vivamos una feliz Navidad.

Martha Reclat de Ortiz