El ruido transforma playas y sitios turísticos en sucursales del averno
Violencia, agresiones, desorden, atascos, caos, basura por todos lados se pudo apreciar en los balnearios que se publicitan como “sitios paradisíacos”. Pero son sitios con problemas de infraestructura sanitaria, contaminación ambiental, destrucción de la naturaleza y grave afectación por el ruido contaminante, que igual que el tabaco, afecta más a los sujetos pasivos que a los ruidosos, produciendo más de 100 enfermedades. Entre otros daños la gente que los visita regresa intoxicada por el ruido. Una persona para recuperarse necesita media hora de tranquilidad acústica si fue sometida a 100 dB durante 10 minutos, y requiere 36 horas de reposo auditivo si la exposición ha sido de hora y media. Debería prohibirse la venta de parlantes: su uso genera 140 dB de ruido/vibración, igual que disparar un cañón. Conciertos, eventos masivos ruidosos y otros deben ser solo en locales cerrados debidamente sonorizados con paredes, techo y piso acústicos que no permitan que se filtre el ruido. Causan alarma sórdidas imágenes de excesos en las playas con gente drogada, violenta y borracha, que destruye y contamina la naturaleza, teniendo como fondo ruido de conciertos, farras, discotecas, bares y fiestas al aire libre sin ningún control. Alcaldes y autoridades son los llamados a poner orden; increíblemente son quienes auspician y promocionan estos actos masivos y salvajes, seguramente como parte de sus campañas demagógicas para captar votos. Se ha planteado una Ley contra el ruido que está en manos de los asambleístas Marcos Molina, Luis Almeida y Heinz Linares, en espera de que pronto se le dé trámite.
Dr. Francisco Plaza B.