Regla de oro para el periodismo
Un expresidente dedicó su tiempo a cometer el delito más común y corriente, que se hizo costumbre y lo imitaron sus secuaces, ¿con su aprobación?
En la opinión pública tienen un papel de mucho valor los periodistas independientes, de quienes se asume que dicen la verdad. Los periodistas de los medios son personas que merecen respeto por la valentía con que investigan y exponen lo descubierto en un intento de interpretar los sucesos. Hay un aspecto que debe ser analizado con imparcialidad: la falacia ‘ad-hominen’, que pasa a ser una reacción adversa que tienen algunas personas cuando no alcanzan a refutar los argumentos. Estas personas tienen la idea fija y su comportamiento es tóxico. Nace la respuesta cuando el 'atacado' usa incontinencia verbal y se concentra en los improperios y en la demagogia. En el ámbito del periodismo independiente la totalidad de sus paladines tienen derecho de divulgar lo que descubren y qué piensan de ello. Algunas veces, sin embargo, caen en la falacia ‘ad-hominen’, sobre todo cuando como reacción natural de lo que dicen dedican su tiempo a insultar. La reacción más sobresaliente para evitar entrar a esta falacia es identificar la contradicción y describirla con mordacidad. Nada ofende más al atacado que cercarlo con la paradoja. Un expresidente dedicó su tiempo a cometer el delito más común y corriente, que se hizo costumbre y lo imitaron sus secuaces, ¿con su aprobación? En los anales del periodismo no se habla de la falacia ad-hominen y sí, y mucho, en literatura y filosofía; casi siempre desde ahí emanan los motivos más excelsos para tratar de refutar y no todo el tiempo para insultar.
Francisco Bayancela González