Recuerdos del tradicional Yacht Club del río

  Cartas de lectores

Recuerdos del tradicional Yacht Club del río

Nada de esto se recuerda y ese club tan tradicional y querido frente al río no nos pertenece

No es posible que el Yacht Club del río esté cerrado y todo se haya concentrado en su sede en Puerto Azul, urbanización en la cual, con toda razón si uno no vive ahí, tiene que hacer cola, presentar cédula y esperar que se le permita ingresar. El club tenía mucha tradición. Nació en el puesto que hoy existe, pero estaba sobre palos de balsa que flotaban y para llegar a él había una balsa conectada con una escalera que estaba en el malecón. Se llegaba halando una soga gruesa a cada lado, hasta que en la presidencia de Lorenzo Tous se construyó el nuevo club. Las regatas se hacían en el río con yates de diferentes esloras y de tipo oceánico, usando para las llegadas el sistema de ‘handicap’ según el largo de la embarcación y el área de velas, constando entre sus veleristas Emilio Estrada, Lorenzo Tous, Humberto Diminich, Xavier Roca Marcos, Nicolás Pecharich, Luis Orrantia González, los hermanos Plaza Lavezzari, Jerónimo Avilés Alfaro, Enrique Maulme, Francisco Solá Medina y yo, en ese entonces de no más de 14 años; corría en el yate de mi hermano. Su himno fue escrito por el Dr. Carlos Arroyo del Río, con música de Pedro Traversari. Hace algunos años, al cambiar el directorio de Pituto Pino (insignia del club), sin conocimiento de sus socios, se dejó de atender en este club; embarcaciones ya no podían acoderar por un paso a desnivel del Malecón 2000, aunque ya se habían clavado pilotes para una ampliación del club. No se tomó en cuenta que muchos socios iban todas las tardes, a jugar cartas, billar o a conversar y que el comedor en días de semana era visitado casi a diario por alcaldes, gobernadores u otros personajes. Con la traída de veleros lightning las regatas se trasladaron al Salado y luego a Salinas, olvidando las regatas en el río, como la vuelta a la isla Santay, que se corría en la noche. Nada de esto se recuerda y ese club tan tradicional y querido frente al río no nos pertenece.

Ing. Édgar Diminich M.