Cartas de lectores

La magna obra del exalcalde León Febres-Cordero

Es necesario recordar que los vendedores informales no son buena opción para un pueblo al que le falta cultura. ¿O hemos olvidado la mugre, las ventas en el antiguo Mercado Sur, que ocupaba todas las aceras hasta la iglesia San José, convertido hoy en el hermoso Palacio de Cristal? Los vendedores ocupaban las aceras del Correo y no podíamos transitar. 

Alrededor de la iglesia de San Francisco, de la Junta de Beneficencia, estaban los vendedores de ropa, artesanías de la Sierra. En la acera de P. Carbo, y Aguirre y Luque, las ventas de maletas. La solución del exalcalde León Febres Cordero fue buscar un solar cerca para ubicar a los vendedores, mejorar su autoestima, hacerles saber que hay reglas de convivencia y respeto. Lo mismo hizo con los vendedores de los portales del Correo, ubicándolos dentro de sus instalaciones, despejando las aceras, haciendo que cada uno tenga un espacio, comodidad, aumenten sus ventas y comiencen a conocer las obligaciones para la ciudad. 

El Centro Artesanal hoy es sitio turístico visitado por extranjeros. A Febres-Cordero le debemos el orgullo rescatado de ser guayaquileño. Guayaquil era una ciudad sucia, maloliente por tanta emigración de otras provincias. Su obra fue titánica, propia de un gran guayaquileño: aeropuerto, Registro Civil, Malecón 2000. Su salud se quebrantó por dar lo mejor de él por Guayaquil. Fue uno de los mejores alcaldes, honró el Sillón de Olmedo. Lo sucedió el Ab. Jaime Nebot, que siguió engrandeciendo la ciudad.

Laura Gómez