Dolor y muerte nos llevan al Cielo
Tras su muerte vino la Resurrección. No adoramos un cadáver sino a Jesús glorioso, que vive
Con la muerte de Jesús, todos volvimos a ser hijos del Padre; redimió al humano, abrió las puertas del Cielo. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. El pecado de Adán fue tan grave que solo el mismo Dios hecho hombre podía repararlo. A esto vino Jesús. El dolor purifica; al ofrecerlo por alguien o algún motivo, es llevadero. Nos hace fuertes; convierte lágrimas en sonrisas; nos hace corredentores junto a Él. San Alberto Hurtado decía: hay que dar hasta que duela. Modificamos la frase: hay que dar aunque nos
duela. El dolor sí tiene sentido. Tras su muerte vino la Resurrección. No adoramos un cadáver sino a Jesús glorioso, que vive.
Mario Monteverde Rodríguez