Cartas de lectores: ¡A mí qué me importa!
Todo es igual. Nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor ...”
El presidente de la Corte Nacional de Justicia ha informado al presidente del Consejo de la Judicatura que le ha retirado la confianza, y que por lo tanto ya no le representa ante el organismo colegiado. Sin embargo, sin importarle tal declaración, el presidente del Consejo de la Judicatura sigue ‘atornillado’ en el sillón del organismo, haciendo gala de torpeza y necedad, y mirando sus propios intereses (hecho real). Es lo mismo que si el mandante le comunicara a su mandatario que ha procedido a revocar el poder que le otorgó para que venda su casa, que ya no es su apoderado, y que ya no le representa. El exapoderado, desconociendo deliberadamente la voluntad del expoderdante, le dice de viva voz: ¡a mí qué me importa, de todas maneras, le venderé su casa con el poder conferido anteriormente! (Argumento ficticio).
Se ha llegado a tal grado de desfachatez que la ética y la moral han perdido todo valor. Ser atrabiliario, prepotente y ridículo es la tónica de los tiempos que corren. “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, choro, generoso, estafador. Todo es igual. Nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor ...”, dice el tango (Enrique Santos Discépolo, 1934). No hay duda, se vive y se baila al son de Cambalache.
Guillermo Pérez de Castro