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Diario Expreso Ecuador

inseguridad ciudadana

Rejas en Guayaquil: Barrios enrejados pasaron de la inseguridad a la amistad vecinal

Los robos encerraron a los barrios, pero también unieron a vecinos que antes apenas se saludaban. Hoy se organizan, conversan y hasta hicieron amistad

En Urdenor 1, los vecinos aprovechan las rejas para realizar caminatas y charlas.

En Urdenor 1, los vecinos aprovechan las rejas para realizar caminatas y charlas.GERARDO MENOSCAL / EXPRESO

Miguel Párraga
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Lo que se sabe

  • Enrejar calles en Guayaquil redujo los robos y unió a los vecinos frente al crimen
  • Ordenanza exige el 70 % de apoyo del barrio para autorizar elementos de seguridad
  • El plazo municipal para legalizar las rejas en línea vence el 31 de julio

Lucen relajadas. Conversan, se ríen y caminan sin apuro. Tres vecinas de Urdenor 1, ciudadela ubicada en el norte de Guayaquil, forjaron una amistad a partir de un problema común: la inseguridad. La solución fue enrejar las calles del vecindario. Desde entonces, dicen, los pillos dejaron de aparecer.

Tres años atrás la realidad era distinta. En esa zona residencial se robaron tres vehículos en pocos días, una moradora fue asaltada a punta de pistola y salir de casa para comprar en las avenidas Ignacio Robles Santistevan, Francisco de Orellana o Juan Tanca Marengo era una travesía de riesgo.

“Antes casi no nos conocíamos. Nos saludábamos, sí, pero no conversábamos. Cuando empezamos a organizarnos para poner las rejas nació una amistad. Ese proyecto nos unió”, cuenta Lorena Párraga.

“La instalación de las rejas ha sido algo positivo”, añade Consuelo Lucas, otra residente.

Así se organizaron para instalar rejas

La planificación no fue sencilla. Tuvieron que pedir cotizaciones, averiguar los requisitos para obtener los permisos municipales y dar seguimiento a todo el trámite para que el proyecto avanzara sin contratiempos.

Como cada vecino tenía sus propias ocupaciones, contrataron a una persona para gestionar la documentación en el Municipio de Guayaquil. Después coordinaron la supervisión de los trabajos hasta dejar instalado todo el sistema de cerramiento.

“Esto tuvo un antecedente hace cinco o seis años. Primero se colocaron dos puertas, pero el circuito no quedó completamente cerrado y seguíamos teniendo problemas de seguridad”, recuerda Párraga.

Ella, Lucas y Patricia Machuca coinciden en que para muchos vecinos no fue fácil acostumbrarse. Varios crecieron en el campo o en barrios abiertos, sin rejas ni portones, pero terminaron adaptándose porque la tranquilidad pesó más que la costumbre.

Hoy las peatonales de Urdenor 1 volvieron a ser espacios para caminar al caer la tarde, pasear a las mascotas o detenerse a conversar con algún vecino.

Enrejamiento en Guayaquil ha sido progresivo

El sociólogo y docente universitario Héctor Chiriboga explica que el proceso de enrejamiento en Guayaquil no es nuevo, aunque sí ha sido progresivo. 

Primero aparecieron las rejas en los negocios, hace unos 40 años, especialmente en sectores alejados del centro, como el suburbio. Luego, a finales de la década de 1990 y con el inicio del nuevo milenio, llegaron las urbanizaciones cerradas.

En años recientes, el cierre de peatonales tomó fuerza tras la entrada en vigencia, en enero del 2024, de la Ordenanza que Regula la Ocupación del Espacio o Vía Pública mediante la Instalación de Elementos de Seguridad. 

La normativa permite colocar rejas, siempre que exista un permiso municipal, el respaldo de al menos el 70 % de los propietarios involucrados y la documentación técnica correspondiente.

Para Chiriboga, esta ordenanza representa el reconocimiento de la crisis de inseguridad y, al mismo tiempo, la necesidad de facilitar mecanismos para que los barrios puedan autoprotegerse.

Redescubrimiento social en los barrios de Guayaquil

Como en Urdenor 1, otros sectores de Guayaquil, entre ellos Guasmo, Los Esteros, La Pradera, La Floresta y Las Malvinas, también optaron por cerrar sus calles con rejas.

En una calle residencial de 21 viviendas de Las Malvinas, por ejemplo, los portones fueron instalados hace cinco años. Allí reunir dinero para el mantenimiento o el reemplazo de candados, chapas y otras piezas no siempre resulta fácil, pero los vecinos terminan organizándose para cumplir con esos gastos.

Algunos moradores confiesan que ahora evitan caminar hacia calles cercanas para comprar donde el tendero de confianza o visitar a amigos porque esos sectores permanecen abiertos

Sin embargo, dentro del circuito cerrado ocurre lo contrario: la convivencia con quienes comparten la misma calle se ha fortalecido.

“Ahora hablamos más entre vecinos. Tenemos un chat y siempre estamos pendientes de lo que haga falta para las rejas, porque a veces se daña un candado o una chapa y hay que reemplazarla. Pero también nos ayudamos en otras cosas; nos damos la mano cuando alguien lo necesita”, relata Mauro Andrade.

Para Chiriboga, esta forma de vivir está modificando, en parte, la tendencia impulsada por la tecnología de permanecer puertas adentro y  con el vecindario. 

Aunque las rejas surgieron como una respuesta al miedo, también están propiciando un redescubrimiento de la vida en comunidad, al menos entre quienes comparten el mismo espacio.

El sociólogo sostiene que esa necesidad de protegerse también está despertando un mayor sentido de corresponsabilidad ciudadana. Los vecinos empiezan a involucrarse en la solución de un problema que afecta a todos, aunque no siempre exista consenso o disposición para aportar económicamente.

“Hay un cambio en la mentalidad. La seguridad pasó a ser una responsabilidad compartida y, en algunos casos, eso está reconstruyendo las relaciones de confianza entre vecinos. Que esa confianza termine traduciéndose en una comunidad más unida, donde vuelvan los asados, las reuniones y las visitas, será algo que solo el tiempo dirá”, explica.

Ese cambio también obliga a establecer nuevas reglas de convivencia: desde dónde estacionar los vehículos hasta respetar horarios para reuniones o fiestas que no afecten al resto de moradores.

Según Chiriboga, este proceso debe ir acompañado de campañas de información y educación ciudadana que fomenten el cumplimiento de la normativa y fortalezcan las prácticas de civismo.

En Guayaquil, las rejas dejaron de ser únicamente enormes barrotes de metal. Hoy también son el símbolo de una ciudad que aprendió a encerrarse para sentirse más segura. 

Pero, paradójicamente, ese mismo miedo volvió a abrir las puertas entre vecinos que antes apenas se conocían.

Plazo para legalizar rejas instaladas en Guayaquil

De acuerdo con una disposición del Concejo cantonal, las rejas ya instaladas podrán legalizarse hasta el 31 de julio de 2026. Además, desde octubre del 2025, el trámite se realiza únicamente en línea, a través del portal municipal, en la sección de Servicios en Línea y luego en la casilla de Elementos de Seguridad.

  • Se debe contar con el 70% de respaldo vecinal
  • Designar a un representante para que realice el trámite
  • Contar con planos, fotos y coordenadas GPS
  • Tener al día el pago de los predios y 
  • Que las rejas no estén previstas para calles principales, sino para calles secundarias (menos de 400 vehículos diario, en promedio).

Cifras de barrios con rejas en Guayaquil

Según datos de la Alcaldía, difundidos el 21 de julio anterior, 250 permisos se han otorgado en distintos sectores de la ciudad.

“Los permisos autorizados contemplan la instalación de 627 elementos de seguridad y benefician a 8.896 inmuebles”, señaló el Municipio. En junio del 2025 se emitieron permisos para 65 barrios. 

“El objetivo es regular la instalación de estos elementos bajo criterios que garanticen el uso adecuado del espacio público y el acceso para los servicios de emergencia y otras entidades competentes”, enfatizó el Cabildo.

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